Yo lector.

leer

Como escribidor me considero muy lejos siquiera de decirme escritor, más bien me remito las mas de las veces a hacer mis comentarios, soy pues un tipo lacónico.

Como lector podre abundar mas en mi experiencia personal. Puedo decir que he sido dos lectores: el primero, aquel de la adolescencia y juventud era mucho más habido de devorar libros, leía de todo y me lo creía todo. Hoy a los casi cuarenta (como canta Bon Jovi, It’s not old, just older) soy más bien escéptico lector, no me como un plato por tener hambre. Leo solo lo que me gusta, lo que me parece puede traerme algo nuevo. Aquello que está escrito con más de dos dedos de frente.

He desacralizados los escritores en mi fuero interior, soy más bien un anatema, porque creo firmemente en que los hay buenos y los hay malos. Hay quienes escriben por pura emoción lo cual es la vía mas pronta para llegar a la estupidez. Pero también los hay que pueden decir mucho aun diciendo lo mismo. Hay estupideces que terminan siendo una genialidad y hay tomos gigantescos que se pueden resumir con solo un párrafo.

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Reflexiones a partir del Big Bang

Supongamos que el Big Bang es algo más que solo una teoría, que de la nada hubo una gran explosión, que esa explosión sigue, que el universo se va expandiendo desde hace 13 mil millones de años a una velocidad de 300,000 kilometro por segundo en sus orillas, mientras que nosotros a tan solo 50 kilometro por hora.

¿Eso quiere decir que a una distancia de 13,000 millones de años ya no hay nada? Pero el universo lo va abarcando todo (o esa nada). Como una mancha de tinta dejada caer en una pila llena de agua, la mancha se expande, nuestro universo como el gran invasor de la nada. Es decir que no solo estamos expuestos a la rotación, la traslación, sino también somos expulsados de un centro remoto donde fue ese Big Bang.

El todo y la nada son conceptos que escapan a nuestra comprensión, quizás sean valores solo teóricos (¿retóricos?). Nadie ha visto la nada ni el todo. Son solo palabras que tapan el hoyo de nuestra ignorancia.

Jary Puter

Así como hay películas que puedo volver a ver una y otra vez, las hay todo lo contrario, que no me prenden aunque sean una pandemia. Harry Potter es el mejor ejemplo, llegue con duros trabajos a los cinco minutos de la primera parte, después mejor me dormí. De la secuela ni por accidente me arrime a una sala de cine. Tampoco Las Crónicas de Narnia, con todo y que fueron escritas por el celebérrimo C.S. Lewis. Simplemente no se me antoja verlas y San Se Acabo.

Una frase de la radio.

Solo puede hablar de Dios quien habla con Dios.
En lo personal acotaria que hablar con Dios no es un acto premeditado.

¿A dónde nos llevo la imaginación?

Dicen los que saben que somos animales, solo nos distingue el hecho de pensar y de hablar. Sin embargo imaginar, que ni es del todo pensar, ni es del todo hablar; a veces es el solo hecho de visualizar algo todavía inexistente es una de las actividades o motores que más lejos nos han llevado.

Quizás imaginar sea una forma sublime de conjugar el pensar y el hablar, el hablarnos a nosotros mismos. Aunque hay imaginaciones que no requieren palabras, como el cuadro que hace el pintor, como la música del compositor, como la solución a un problema físico.

Hay que ver también que la imaginación se nutre de la imaginación, del ejercicio de esta cualidad van resultando cosas más complejas. El cerebro, el órgano imaginador, también se oxida por el desuso.

La sinrazón sospechosa.

Este fin de semana he leído un poco  un ensayo del recién finado Ernesto de la Peña sobre El Quijote. Sera cosa de unos veinte años que leí este clásico. Recuerdo que fueron dos semanas que no pare de reír. En aquel entonces no alcanzaba a comprarme el libro en cuestión así que lo pedí prestado en la biblioteca, a la semana lo fui a regresar, temprano del día siguiente volví por él para continuar su lectura, así a completé los quince días. Leyéndolo fácilmente 5 a 6 horas diarias.

El Quijote tiene el extraño título de “cumbre de la literatura española”, de lo cual tengo mis recelos. En el arte no puede haber una “cumbre” pues todo es subjetivo. Luego, eso de que sea un clásico lo pone en una situación precaria, pues un clásico es una obra de la que todos hablan, pero pocos han leído. Así que es un título muy “de membrete” mientras que no se corrobore personalmente.

Definiendo al Quijote.

Ha escrito Ernesto De La Peña, el Quijote es el heroe-antiheroe. Sufragamos dicha aseveración que en la brevedad contiene toda la personalidad de ese loco genial que nos dibujo Cervantes.