La vida, esa paradoja.

Aquel atleta profesional de algún país escandinavo -perdón por olvidar los datos exactos pero mi memoria no da para tanto- se preparo desde niño para ser el mejor en su disciplina. Entrenando arduas jornadas, dejándolo todo con el único objetivo de ser el primero.  En la contienda mundial, a la hora decisiva de la nada surge un haitiano, un muchacho de barriada que apenas si había entrenado unos meses antes esta disciplina y derrota al europeo que por años acaricio el sueño de ser el vencedor.

Entonces los ojos, los lentes y los reflectores de todos voltean hacia aquel muchacho, le llueven propuestas de patrocinio, los científicos del deporte depuran su técnica con lo cual, le aseguran no solo será el campeón sino que en la historia jamás habrá otro mejor que él. Entonces el apetito de eternidad que en todo hombre anida es despertado con semejantes promesas. El otrora amateur se da a la tarea de asimilar cuando le enseñan, sin embargo en las siguientes justas si bien su técnica es mucho mejor los resultados empiezan a ser cada vez mas mediocres. El que pudo ser el mejor en la historia con su talento innato, cuando metieron a una computadora sus datos resulto que apagaron esa chispa.

Al final ni el escandinavo ni el caribeño pasaron a la historia por sus records, solo quedo una historia de lo que pudo ser y no fue. Hay veces que uno se topa con un ave rara que le estropea los planes…rara avis in terris.

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Colgar los tacos.

Hoy se ha ido a la basura, tras muchos años de estar guardada mi camiseta con el numero 5, de aquellos tiempos en los que jugaba futbol.

Aunque el deporte de las patadas y el gol nunca fue de mis intereses prioritarios. Mas lo hacía por convivencia con los compañeros. Me gustaba mi posición, la banca. Sí, siempre fui suplente y eso me encantaba, así veía el partido en inmejorable lugar y hasta me sentía del equipo.

Era una lástima que alguna vez llego a faltar el titular, así que me tuve que meter a la cancha. Pero no fueron muchas, inclusive, alguna vez jugué de portero, obvio, porque no había mas. Y tras la debida aclaración de que ese no era mi puesto, por ende, no aceptaba reclamaciones por errores fortuitos, defendía lo mejor posible el marco. La verdad no recuerdo los resultados, pero no debieron ser muy notorios porque el portero siempre que regreso seguía manteniendo su puesto.

Con el numero 5, como es de esperarse era defensa central, aunque suplente como he dicho. La altura era el merito de la posición. Javier, el titular, era un poco más bajo de estatura, pero mucho mas ágil que un servidor, es de entenderse que estaba más que de acuerdo que él era el más indicado para jugar la posición. Sin embargo m sorprendía que aquel tipo fuera de la cancha era más lento que un oso perezoso, pero en la cancha se convertía en un demonio.

 

Territorio Santos

    A mí el futbol me importa un comino, pero no puedo evitar sentir pena por lo que se vivió en el estadio del Santos la semana pasada. El estado de paranoia al que han llegado en algunas regiones de México ante tanta violencia es lamentable; no puedo menos que repetir lo que decía cierto comentarista que trasmitía en vivo el partido: Donde está la maldita seguridad?

Esto es una guerra, entre grupos rivales -carteles- y el estado contra ellos. El estado parece ser el mas débil, carece de una estrategia integral real, no se ve que las instituciones estén ganando la cacareada ‘batalla por la seguridad’.

Pecsi y el Cuau.

Si fuera plubicista y me contrataran para hacer un campanha, buscaria que la persona encargada de dar la cara por la marca fuese alguien que le cayera bien a la mayoria. Lo cual no es mas que lo minimo de sentido comun. Por eso no entiendo en que estaban pensando los que pusieron al frente de la nueva Pecsi al mismisimo Cuau. El tipo es querido por muchos -no lo dudo- pero es odiado por un chingo mas; y es que no podemos dejar de pensar en Cuau sin pensar en el America y, reconozcamoslo, en Mexico ser anti-americanista es como una religion no oficial. Ademas el citado Cuau era un maletilla de primera cuando futbolista, de todo se quejaba y por todo se dejaba caer. Era un dolor de cabeza para los arbitros porque tenian que lidiar con sus teatros.
En fin, si la idea era poner a un naco como imagen de la Pecsi, mejor seleccion hubiera sido el Vitor -pi, pi, pi, piiiiii- al menos no les cae tan mal a tantos.
Por ultimo, ustedes dispensen la falta de imagenes que aun no descubro como se hace eso del “copy and paste” desde esta aplicacion telefonica. Pero la imagen obligada para este post era la corcholata de la nueva Pecsi.
A.

Fútbol

Domingo, ¿Cómo no hablar de fútbol? Si es el fútbol es el que nos une ¿no?, o al menos nos une mas que otras cosas, porque por ejemplo en la política ya cada quien anda con su gallo para la sucesión presidencial, ya en un mismo partido político hay muchos añorando la silla de hoy ostenta Calderón.

En la religión el asunto anda peor, todo mundo se adjudica ser el auténtico representante de Cristo. No falta el que asegura que lo tiene bajo llave en el sótano de su templo, o el que recibió la Jesús-señal de que el fin del mundo será en el próximo paso del cometa Fix-2043.

Siendo tan caótico el asunto de unirnos, debemos refugiarnos en el fútbol, de los males el menor, total que hay pocas opciones: amarillo, azul, rojo con blanco, puma.

¿Por qué nos gusta el fútbol? A mi parecer porque es sencillo, el chiste es meter la pelota en la portería contraria. Sin usar las manos. En esencia suena simple, cualquiera lo podemos intentar, cualquiera lo podemos entender.

Claro que los humanos nos gusta complicárnosla siempre, así que como Dios invento el fútbol, nosotros inventamos los árbitros, luego el fuera de lugar. Luego un empresario vio la oportunidad de hacerse de un dinerito, hizo un equipo y les puso un capataz, lo llamo director técnico.

Se juntaron varios empresarios y crearon una mafia, la llamaron FIFA. Luego un poeta fracasado se puso a narrar un partido, el respetable de las gradas lo escucho y desde entonces hay locutores, que como El Perro Bernumez hacen mas escándalo que el partido mismo, pero eso ya no importa, el chiste es oír como apoda a los jugadores…Chicharitooooooo.

Entonces llegamos al día de hoy, el fútbol nos une, es el que mas nos une, nos une para odiar al América, nos une para amar la camiseta. Nos une para ilusionarnos cada cuatro años que ahora si vamos a hacer algo asombroso en el mundial. Nos une para sufrir con que perdemos con países donde los seleccionados son albañiles y pintores de brocha gorda. Para bien y para mal el fútbol nos une. Sea esa nuestra desgracia y nuestra alegría.

-A-

¡Strike tres, fuera!

Fue Erick Satie hace mas de cien años quien invento en la música clásica eso de “música para no ser escuchada”, la música ambiental que hoy se le llama, que se oye pero no se escucha. Pues bien para mi que el Baseball es el primer deporte creado con ese concepto, para ser visto mas no observado. Al menos por la gran audiencia.

 

El Baseball sirve a los americanos para varias cosas, como ir al estadio, comer hot dog, tomar cervezas, ir al baño, pero de pronto ¡zas! Un hit, la atención vuelve sobre el diamante allá abajo ¿Quién? ¿Cómo? Para eso esta la pantalla gigante y la repetición instantánea. Luego se vuelve al ritual de ver el baseball que consiste en hacer de todo, menos observar lo que pasa allá abajo con la novena tratando de aplacar al bateador en turno.

 

Verlo por TV es el mismo asunto, los comentaristas pueden hablar hasta de la derrota de Obama en las ultimas elecciones, pasando por el vendaval que hacia en el cincuenta y tres; mientras que el strike y bolas malas se acumulan. Los televidentes pueden desarrollar, ampliar y pulir sus artes comunicativas con el vecino de sofá, o bien, pueden divagar sus mentes por los vericuetos de su diario vivir… ¿desde cuando no le cambio el aceite al carro? ¿Será verdad lo que dice Jaime Mausant?

 

Sin dudar que habrá quienes si vean este deporte, quien si entiendan la redes de estrategias que tejen los manager metiendo a Zutanito Pérez batearle a Menganito López. Pero nosotros, el gran público, los simples mortales, nos remetiéremos a disfrutar de toda la fiesta y jolgorio alrededor de este juego.

 

¡Chau!

El día en que Alcides estuvo en la selección de fútbol mexicana (otro de esos sueños raros que suelo tener).

Jueves, 5:00 p.m. Por fin llegamos a Sudáfrica, por fin llegamos al hotel de la concentración, el entrenador nos ha mandado de llamar de inmediato al bar, solo nos dio oportunidad de subir las maletas a las habitaciones, propina al bed boy, de nuevo al elevador.

Soy de los últimos en llegar a la reunión. Por tanto me toca uno de los lugares de hasta atrás en la improvisada reunión. En una mesita redonda Aguirre tiene un altero de libros. De inmediato comienza su intervención:

-Bien muchachos, ya estamos acá, lo que quiero que hagan esta tarde y lo que resta de la noches es que lean este libro, del cual le voy a dar una copia a cada uno, por favor léanlo muy bien. Son las biografías de los 22 seleccionados de las 50 naciones que vienen a disputar el mundial, es importante conocer a nuestros enemigos.

Murmullo general entre los jugadores ¿leer 1,100 biografías en una noche? El sentimiento es como de molestia, de frustración. Pero nadie dice nada en voz alta, todos se quejan como monjitas. Hacer evidente la molestia significaría quedarse en la banca todos los juegos.

Levanta la mano, pido la palabra:

-Diga jovencito. Me da la oportunidad de expresarme el DT Aguirre.

-Es que mire, mi estimado y nunca suficientemente bien ponderado entrenador nacional, me parece un exceso leer tantisimas biografías de tipos que muy probablemente ni vamos a ver, de los 50 equipos, solo tendremos juegos máximo con 7 de ellos ¿no cree que seria mejor leer solo los de esos 7 equipos?

Cuando mi mente acaba de hilvanar las palabras, acto en el que uno pierde de vista el mundo exterior y mira como para adentro, como para ir sacando las palabras del archivero correcto, el DT ya tiene la cara fruncida.

-Mire, jovencito, usted esta aquí nada mas porque gano el sorteo ese de “se tu mismo la selección por un día”, ni me va a venir a decir como hacer las cosas, ni espere que con esa actitud subversiva vaya a jugar.

-Bueno, pues ni pedo, yo nomás decía. Me callo, me siento, me resigno.

Luego Aguirre le da la voz al psicólogo de la selección, el cual nos lee un panfleto motivador que recorre desde el día en que nuestros ancestros entraron a América por Alaska, pasando por Porfirio Díaz y culminando en todos los que esperan que hagamos un papel honroso, amen de las regalías, mercadotecnia, fama y toda esa bisutería fina que conlleva ser mundialistas.

Cada quien a su habitación, las luces se apagan a las 7:00 p.m. Nada de escándalos, si se va a pedir algo del servicio a cuartos primero se pide permiso al tal Aguirre. Subimos en silencio como monjes, todos con el libro en la axila.

Abro la puerta, voy a la ventana, recorro las persianas, se ve un gran campo de golf y uno de fútbol, Allí entrenaremos mañana, pienso. Mas allá, después de la cerca del hotel se ve la verdadera Sudáfrica, su vegetación seca, fría, es invierno en este polo ¿habrá un león cerca? ¿O una jirafa? ¿De jodido un elefante?

Me pongo a ver la TV, tiro el libro sobre el buró que por poco tumba la lamparita de noche. Paso canales y más canales, me quedo dormido. Medio recuerdo que los tenis me los quite con los propios pies. Duermo y más duermo.

De pronto abro un ojo, la TV sigue enseguida, sigue siendo de día, pero en el noticiero pasan la eliminación de México en su primer partido. Me incorporo asustado. No comprendo.

Marco a la recepción:

-Señorita ¿me puede dar la hora?

-Son las 4:00 p.m.

-Perdón, señorita ¿de que día?

-¡hay joven! Pues es domingo.

-¡Domingo!

-Si, domingo.

Domingo, Dios santo, me dormí casi tres días y nadie me hecho de menos, nadie llamo a la puerta. Corro al baño, me pongo el uniforme, salgo al pasillo, casi corro para llegar al elevador. Bajamos, los huéspedes que van conmigo me ven extrañados.

Llego al lobby y van entrando al hotel los demás seleccionados, me quedo parado, inmóvil, como estatua, pasa el primero, me dice dándome al mismo tiempo unas palmadas en el hombro:

-Ni modo chaval, se hizo lo que se pudo.

Así van uno a uno pasando a mi lado, todos me dan una especie de pésame por la súbita eliminación.

Al final Aguirre viene hacia mi, cabizbajo como todos. Se para de frente, levanta la mirada:

-Tenías razón, no debimos leer ese maldito libro. Me acaban de llamar cuando veníamos en el autobús para despedirme. No tengo empleo.

Sigue su camino hacia el elevador, voltea un poco y dice:

-Ve por tus maletas, nos vamos en media hora.

Me encamino hacia el elevador, al pasar por la puerta del bar, Joaquín Sabina canta:

¿Por qué será que los cuentos que cuento yo siempre terminan mal?

Alcides