Un gato con suerte.

Levantarse hasta bien entrada la tarde, debajo del sillón principal. Después de una noche donde me topase con un ratón rechoncho, de esos, que tienen pocas ganas de huir. Que hasta sientes que te agradecen cuando te los comes. Ver llover sin mojarse ni un pelo, exentar el baño sabatino que el amo cree necesito. Un buen queso, un plato gigante de leche fresca, el filete de mis sueños. Una casa sin perros, que crezcan los niños y no quieran ya jugar conmigo. Pensar en las diez mil cosas que haría si hubiese nacido siendo pez. Compadecerme de la suerte del canario enjaulado. Verme las uñas, lamerme el cuerpo. Que todos en la casa estén absortos con el aparato ese que llaman televisión.

Breve manual del perfecto Naco.

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Ser Naco no es, como muchos creen, una situación economía precaria ¡No!, ser naco es hacer notar el abismo cultural que uno viene acarreando.

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Ser Naco no es fruto de la dejadez, por el contrario, la sofisticación del Naco se nota en su naturalidad. Es decir, parece que hasta sin querer le sale lo naco. ¡Fluye!

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Hay solo una premisa social para el Naco: Chingar.

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Brillito, peluchito, contrastante. La santísima trinidad de la moda.

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Futbol, cerveza, música de cantina. El fin de semana perfecto.

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Todos llevamos un Naco dentro. La negacion es el primer sintoma.

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nO  esK  HezcriVa Mal Sk Azzi ce Uza NoW!!!!!

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La Guerra perdida.

En un país muy, muy lejano, hace mucho, mucho tiempo existió un presidente, pongamos que se llamo Felipe. Este Felipe, pues, viendo que la violencia del narcotráfico andaba en niveles muy altos, declaro una guerra contra los carteles. Su estrategia  era llenar las carreteras y los semáforos de retenes militares, de principio aquello pareció buena idea, los enfrentamientos se sucedieron de continuo. Entonces los narcos decidieron ya no pasar por los retenes, más sano y mejor negocio era doblar en la esquina previa. Así que los retenes quedaron sin quien pillar y los carteles se seguían dando duro uno contra otros pero en otros escenarios.

¿Que le falló a Felipe? Sin dudar que la intención era justa, carajo, que lo mínimo que le pide el pueblo a sus representantes es seguridad. Felipe se equivoco en subestimar al enemigo. Creyó que los iba a asustar con pasamontañas y caravanas de vehículos militares. Felipe hoy se siente asediado, incomprendido. Pero aun no le cae el veinte que la guerra, toda guerra se gana con inteligencia no con violencia.

Los versos escondidos.

    Nadie sospecho que aquel hombre en apariencia brusco, guardase una libreta con poemas de su puño y letra. Su mismo trabajo lo hacía ver como un ser hostil. Tantos años de capitán en aquel barco, ya sucio, ya viejo, que crujía todos sus hierros como queriéndole hacer coro al mar que lo sacudía.

Cuantas veces salvo a la tripulación de un naufragio y una muerte segura, tenía un espíritu fuerte, mas fuerte aun en la adversidad de aquellos mares. Porque antes no se tenían todos esos aparatos que hoy se tienen; antes se zarpaba y no se sabía si se iba a regresar, ya una tormenta, una falla en las maquinas que los hiciera a la deriva, tantos peligros guarda el mar. Y sin embargo, siempre volvió a buen puerto.

Por eso cuando sus marinos fueron a recoger sus pertenencias al camarote que más bien fungió como su hogar, no pudieron evitar sorprenderse del hallazgo, eran poemas y mas poemas en aquella libreta, era su letra, todos la conocían. Cuando les pagaba les daba un recibo donde venían los generales del barco, del marino y la firma del capital, todo a mano. No cabe duda, se dijeron unos a otros, que nunca nos acabamos de conocer.

Se va el domingo

Se va el domingo,

del perchero toma su gabán y su sombrero de bombín,

¡Buenas noches a todos!

hasta el sábado a media noche,

desde la puerta con alegría se despide.

Cierra y nos deja la espera del lunes.

La falta de ortografía (cuento con moraleja)

 

Por fin un buen día, el aclamado escritor termino su última novela,

 el sabia que tenia ante sus manos una obra maestra,

 con la cual pasaría a la historia

Era una obra colosal, no solo en sus trama sino en su extensión

mas grande que El Quijote o alguna de las novelas

de Vargas Llosa.

Épica como los libros sagrados.

Había invertido en ella años, arriesgando con ello

su carrera, pues todo buen escritor debe publicar

algo de vez en vez con el fin de que su nombre no se olvide

al público lector y a la critica profesional.

Solo algo lo acongojaba, es que cierta madrugada

en una de esas tantas que le costó terminar la obra;

cuando el sueño lo vencía,

intuyo una falta de ortografía

sin embargo el cansancio lo venció y pensó:

mañana la corregiré.

A la mañana siguiente la busco, pero nada

no estaba, se la había tragado la tierra

o más bien, en este caso, la trama misma de la historia,

por ahí andaría saltando esa garrafal falta de ortografía.

Entonces guardo la compostura, pensó, mañana la buscare,

por aquí debe de andar,

así fueron pasando los días, siguió escribiendo, pero la falta

de ortografía seguía sin aparecer,

por el contrario,

se hacía mas difícil encontrarla pues las cuartillas

se multiplicaban día con día.

Así llego el punto en que termino la novela

sin encontrar aquel error.

Decidió mandar todo aquel legajo revisar con un corrector de estilo,

pero nada, todo era impecable según este.

Luego otro y otro, pero todos coincidían,

la obra era una obra maestra, mas no encontraban

aquella falta de ortografía que el escritor aseveraba

andaba por allí en alguna cuartilla, en un párrafo,

en un enunciado, en una palabra. Quizás era

un acento que faltaba, una “h” donde no iba,

quizás mil cosas que eran posibles.

El rumor de aquella obra llego a manos del editor,

el cual exigía la obra para pasarla a la imprenta,

a la distribución, en fin, que fuera lo que era natural.

Pero el escritor estaba cada día mas contrito, preocupado,

temía pasar a la historia no como el gran autor de

aquella obra magistral,

sino como el bobo que dejo una falta de ortografía.

Entonces, se le empezó a ver cada día mes,

seguramente estaba embebido en su estudio

buscando aquella falla;

cuando aparecía en público ya no era aquel señor

todo sonrisas, de platica amena e inteligente,

más bien se había tornado un ser gris, descuidado,

con la barba crecida, los cabellos desacomodados.

Hasta que un día, presa de la desesperación o la locura

tomo el original y lo quemo en la chimenea del estudio.

Así esa obra se perdió para siempre,

nadie sabría bien a bien de que trataba.

El escritor decidió no escribir mas,

pocas noticias se tuvieron el resto de sus días.

Algunos aseveran que lo que intento los días de vida

que vivió fue aprender de memoria la novela

para así atisbar donde estaba aquel error.

La moraleja del cuento es que si te enfrascas

solo en los errores -tuyos o de los demás-

terminaras amargado. Infeliz.

A final de cuentas todos cometemos errores.

 

 

 

 

Hoy un pequeño cuento, lo llamare: la invención del día y la noche.

Adán no fue en realidad el nombre del primer hombre.

Piénsenlo un poco, para que ocupaba un nombre si era el único

hombre sobre la faz de la tierra?

En realidad lo bautizaron así sus descendientes de la

enésima generación.

Incluso sintieron un poco de pena y lo dibujaron con una

hoja de vid que ocultase sus genitales.

Aquel hombre sin nombre sintió pronto el peso de la

sentencia que Jehová había dejado caer sobre él:

será a mi imagen y semejanza.

Quien quiere ser como un dios?

Quien quiere todas esas responsabilidades?

No es más sencillo ser un hombre desnudo que pasea por un jardín eterno?

Entonces ideo: tapare la ventana por donde me ve Dios -o sea el cielo-,

subió a la montaña más alta y pinto los vidrios,

llevaba consigo dos colores,

de azul pinto el cielo del día,

de negro la noche,

en ambos caso no le alcanzo bien la pintura.

Por ello, de día resplandece el sol que no es más que el brillo

de Dios que está al otro lado de la ventana.

Lo mismo ocurrió de noche, las estrellas y la luna

son el mismísimo Jehová que deambula por la bóveda celeste

en busca de aquel Adán, de aquel hombre desnudo sin nombre.