…Vénganos tu reino…

El ser humano es un eterno buscador de la felicidad, todas sus acciones están encaminadas a encontrarla. Pero la felicidad eterna solo está en Dios y solo hasta que venga con su reino en plenitud. Esta es la esperanza del creyente.

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…Santificado sea tu nombre…

Y los hombres no se ponen de acuerdo en el nombre de Dios. Llamémoslo Padre Nuestro. No hay nombre mejor.

Hace tiempo leí de una tribu donde los nombres de las personas son temporales, en su vida van acumulando nombres según cosas significativas que les suceden: El que se quemo la mano, El que duerme debajo de una piedra, etc. Si los hombres podemos tener intercambiable algo que según el paradigma es fijo -nos llamamos igual siempre- ¿Como Dios no puede dejar se aferrarse a un supuesto nombre sagrado?.

…Que estas en los cielos…

Llamamos “cielo” a ese sitio que no sabemos en realidad donde está. Estoy seguro que nunca lo descubriremos en el firmamento, ni aun detrás de la más remota estrella. Quizás el cielo donde esta Dios sea un lugar remoto de nuestra alma. Que nuestra alma sea pues, basta como el universo.

Padre nuestro…

Es tan poco lo que sabemos de Dios, pero sin dudar que lo principal ya lo sabemos, es nuestro Padre. El da el primer paso en esta relación filial hombre-divinidad permitiéndonos llamarlo: Padre.