La muerte no pide permiso.

Veía la tormenta eléctrica descargar su furia sobre la ciudad,

cada uno de esos rayos bien podrían matar a cualquier transeúnte desprevenido.

Sin decir nada, acabar con una o con muchas vidas, el rayo imponía su fuerza.

La muerte no pide permiso.

El azar o el destino, ambos desconocidos, no guardan patrón de conducta alguno.

Ello nos inquiera. No sabemos bien a bien de dónde venimos

y puede que el lugar que a donde vamos no existe -parafraseo cierta canción-,

Así sin pasado ni futuro aparente, el presente también adolece de una firme certeza,

podremos morir como la velocidad de un rayo.

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Acerca de diariando
Marinero de Infanteria de Marina del Servicio Militar Nacional Patriotico Heroico y Obligatorio Matricula C-267481

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