Habemus Camila.

Un día como hoy, pero del anterior año bisiesto, Camila llego a nuestras vidas. Era pequeñita, se veía frágil, así es como Dios hace las grandes maravillas, tratan de pasar desapercibidas. Pero van mostrando poco a poco el tesoro que son. Así es como Camila se ha ido mostrando. Cada día con ella es un regalo, cada momento que nos ha permitido Dios cuidarla ha sido maravilloso. Si hay veces que las palabras no caben esta es una de ellas. Todo lo que diga se quedara corto para decir lo que la amamos.

Y empezamos a ser padres sin saber serlo, así que hacemos lo mejor que podemos, lo que aprendimos de los nuestros con la idea de no repetir sus errores. Pero no hay una calificación parcial que nos indique si vamos por buen camino o nos hemos desviado. Solo tenemos nuestro silencio, cuando reflexionamos, que es cuando debemos inquirirnos sobre lo que estamos haciendo de nuestros hijos.

¡Feliz cumpleaños Camila!

 

Para terminar en un Cipres

Nacer
acomodarse en un punto del mundo
desde alli hacer una historia
ir de la prisa al tedio
del alba al crepusculo
de Antioquia a Filipos
del Coran a la Biblia
y de regreso
buscando
encontrando
dudando
girando la rueda del azar
sin siquiera saber de que se trata
este juego de vivir
Y todo para terminar a la sombra de un Cipres.

Entre Borges y Vargas Llosa.

Dos de los escritores latinoamericanos de los que tenemos que estar más orgullos. Y al mismo tiempo, los dos extremos de la creación literaria. Borges en el cuento y la poesía, Vargas Llosa en la novela y el teatro. Pero mas allá del genero, el estilo y la función del arte concebidos de forma tan diversa. Un Borges ensimismado con lo trascendente, Vargas Llosa con el inmediatismo de la realidad. Borges con sus espejos, sus sueños, sus laberintos. Vargas Llosa con el sufrimiento humano, las dictaduras, las relaciones interpersonales. Y al final los polos opuestos se tocan, en ellos lo humano es el tema común. Aquello que viene de fuera y nos toca, nos cuestiona.

En lo personal, ya lo he dicho aquí, ambos son de mis autores favoritos. Sin uno de ellos la literatura latinoamericana tendría un faltante. Y porque no, hay que decirlo, la literatura universal también resentiría la falta de cualquiera de ellos. Porque hay que estar consientes -y superar anacrónicos complejos de inferioridad-, los latinoamericanos saben hacer muy buena prosa y verso.

Cuestiones felinas.

En un sueño he matado a un león

que hozo venir a dormir junto a mi sombra,

bueno, no mi sombra, sino la sombra del ciprés

bajo la cual dormía. Le apreté el cuello hasta que se asfixio.

Sin duda el sueño parecerá un sadismo innecesario

para los defensores de estos animalitos a ultranza,

pero no olviden que solo era humo, espejo, la nada.

Quizás en mi subconsciente revolotee aquel poema de

Borges: Leones. Que después de remembrar

sus apariciones en la historia de la humanidad los

lapídala con semejante frase:

…come la presa que le trae la hembra.

Dos tipos de cuidado.

Hay dos tipos que me caen mal. Simplemente no los soporto. El primero es el fundamentalista religioso, ese que se dice haber tenido una revelación del mismísimo Dios, por lo cual se ha vuelto sobre el buen camino. Un buen camino muy personal, tan excéntrico que no acepta que fuera de su visión exista otra vía posible. El segundo es más o menos por el estilo, pero no de corte religioso, sino artístico, se las da de genio incomprendido, fuera de sus obras todo es basura. Los dioses y las musas le susurran al oído los secretos del universo, el big-bang es una pendejada, la verdad solo la sabe él y, la pinta, la escribe, la actúa, pero ¡Carajo! nosotros simples mortales no lo comprendemos.

Y no se crean que estos tipos son escasos, de ambos suele haber muchos sobre las banquetas. Si te topas con uno, el mejor consejo es que le saques la vuelta y sigas tu camino. Aunque gustan de montar sus espectáculos farisaicos a mitad de la vía, aléjate de ellos.

Los libros que yo ame.

Leer ha sido para mí una bendición, nunca ha sido una carga sino un acto gustoso. Desde niño cuando a cambio de ir por la despensa con mis padres salía con un libro bajo el brazo de la CONASUPO -casi de puras imágenes- me sentía el más afortunado.

Nadie empieza leyendo libros sofisticados, a mi me gustaban Condorito, Sensacional de vaqueros y cosas por el estilo. Cuando veía los libros de mi padre, no entendía porque le gustaban si no tenían dibujitos. Cuando tuve edad para leer “El Capital” de Karl Marx, supe porque mi viejo le dedicaba tantas horas. Pero entendí algo mas, que ha cada edad hay libros adecuados. Eso quizás suene a algo simple, pero deducirlo por cuenta propia me lanzo a buscar mis libros adecuados, aquellos que podía entender. No tarde en hallarlos, los autores latinoamericanos y la novela de la revolución fueron los blancos elegidos.

Luego he ido saltando a nuevas áreas de la literatura, la poesía, el ensayo, la psicología, la teología. En fin, como sabiamente dijo Borges -lo cito inexactamente-: no estoy tan orgulloso de los libros que he escrito, sino más bien de los que he leído.

Últimamente lo que he empezado es a releer a mis autores favoritos. Pareciera que en ello no hay placer alguno posible, pero redescubrir es tan gratificante como hacerlo por primera vez. Quizás porque uno lee con otra experiencia más acuñada y sabe ver lo que dejo pasar desapercibido en otros tiempos.

Tampoco creo que la lectura o el arte sea la actividad sublime del ser humano, cada quien nació con diferentes cualidades. El deportista que haga su deporte, el ingeniero sus construcciones, el piloto que maneje su nave. Lo que resultaría miserable es llegar al final de los días y que nos pasara aquello que dijo Pablo Neruda: No quiero descubrir el día de mi muerte que no he vivido.

En la imagen, la portada de una de las primeras novelas que leí y, que no pare de reír. Después, cuando vi la adaptación al cine estelarizada por López Tarso me dejo frio, lo que había imaginado me resulto mucho mas motivador que aquel mendigo actuado.

Miércoles de ceniza.

¿Y que si somos idolatras los católicos? Pues a simple vista parece que sí, nada mas cuenten los símbolos, elementos, iconos, reliquias, fiestas, santos patronos, intercesores, jaculatorias y etcéteras y mas etcéteras que acabamos preguntándonos: Bueno ¿Y donde tienen a Dios estos católicos? Pero la crítica es muy válida porque no deja tener un dejo bastante grande de verdad, los excesos son -perdón por repetir el bastante-bastantes comunes en nuestra santa iglesia.

Y es entendible, o al menos a mi me parece lógico que se caiga bien pronto en la idolatría. Los humanos necesitan referencias físicas, aun de lo que evidentemente no es físico, de la fe misma. Sin referencias visibles nos sentimos náufragos en un mundo netamente sensible. Tenemos cinco sentidos y por ellos debe entrar la información de lo que somos, pensamos y obviamente creemos.

El miércoles de ceniza que acabos de pasar es una de esas puertas por excelencia por la cual desvariar en la fe, nos podemos quedar en la ceniza por la ceniza misma, como si el que te la unten en la frente sea lo principal, el signo sobre su significado.