Mercadotecnia.

Hay dos grandes secretos a voces en la mercadotecnia. El primero dice que todo es susceptible de ser vendido. El segundo dicta que para vender cualquier cosa hay que crear una necesidad de esa cosa. Generalmente las cosas más inservibles basan su necesidad en el juicio social. Es decir, que si no tienes esa cosa que te venden, los demás te verán con malos ojos. Sea desde una crema facial para hombres hasta una bebida energética a base un fruto que se da solo en una isla perdida a la mitad del Pacifico.

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Jazz, ese ruido.

De un tiempo hacia acá el oído se me ha tornado hacia el jazz; aunque el jazz lo he escuchado desde hace mucho, todos tenemos épocas en que nos enfocamos hacia cierto gusto. Así pues, en lo personal ando instalado en ese ruido. Como alguna vez pase por el reggae o el rock.

Escuchado en frio, el jazz pareciera solo ruidos, cada músico parece tocar lo que quiera, si acaso la solides está dada por la batería. Es decir, en la mayoría de los grupos la batería queda atrás, sin varias demasiado, como marcando los extremos del camino por los que pueden ir los demás músicos e instrumentos.

En general, el problema de la música que no tiene voz es que nos deja demasiada libertad, muchos no saben qué hacer con ella. Es mas fácil que una voz nos vaya diciendo en que pensar o imaginar -cuando la pieza es cantada-. Exige pues, imaginación. Esa cosa que desde que se invento la televisión la hemos mandado a dormir. Así esta tan aletargada que cuando la ocupamos batallamos demasiado en despertarla.

No digo que en el Pop no exista calidad, por el contrario, a mi me sorprende a veces el nivel alcanzado por muchos artistas de géneros mas comerciales. Sin embargo, también hay verdaderos y verdaderas  mercachifles del vacío total.

Cierta vez, mientras se organizaba una fiesta, alguien dijo: mi único consejo es que sea lo que sea que organicen, lo hagan con dignidad y así saldrá bien. Esas palabras se me quedaron bien grabadas. Aplica para mil cosas, por ejemplo aquí, oigas lo que oigas, escucha con dignidad; así ningún seudo cantor o cantora ofenderá tu inteligencia.

 

Santos que ríen.

A mi desde que tengo uso de razón la iconografía católica siempre me ha provocado un cierto recelo. Primero, lo confieso, era más miedo que otra cosa. Entrar a un templo era sinónimo de toparme con estatuas sangrantes, o a lo menos, santos empolvados de cara triste.

Sin hacer menoscabo del valor artístico de ciertas catedrales y otros sitios de culto, lo preponderante es representar unidos sufrimiento y virtud, como si la fe sin mucho dolor fuese una fe de poca monta. Como si la alegría fuese un pecado venial. Como si la esperanza fuera un accidente. Yo sé que no, que no es ese el mensaje de Cristo, pero el catolicismo acabo haciendo tanta  apología de la cruz que parece olvido la resurrección.

Todo este embrollo viene a colación porque hace unos días vi cierta película sobre la vida de San Martin De Porres, recordemos que acaba de pasar su fiesta. Aquel mulato tenía una risa contagiosa. Ese santo si me gusta, o mejor dicho, esa versión del santo si me gusta. Acá entre nos, me imagino que los santos deben ser personas felices, quizás no todos traigan la carcajada a flor de piel. Hay quienes, como dijo el poema “ríen por dentro”.

Cuestión de García y cuestión de Tamayo.

Estos son mis apellidos, hasta de donde se de origen español ambos, como el de la inmensa mayoría de los mexicanos, el resultado pues del mestizaje. También hasta donde sé, hace mil años García era nombre propio pero hubo por allí un valiente muy valiente y, en honor a ese héroe -hoy anónimo- el García paso a ser apellido, para significar la valentía de las familias que lo adoptaban como tal. En cuanto a Tamayo, es un pueblo milenario de la madre patria. Muy orgullosos de su pueblo, los de Tamayo, como era usanza, se ponían por apellido el lugar de origen.

Mas allá de un millón de años la historia se pierde, nada hay de escritos. Lo curioso es que el camino se estrecha. Es obvio que todos provenimos del mismo sitio. Como especie, los científicos están casi todos de acuerdo que hay dos muy probables fuentes del hombre como hoy se conoce, unas teorías dicen que en África y otras que en Asia. También concuerdan en aseverar que solo pudo haber un despegue de las potencialidades de esta especie, cuando ella llego a Europa. Por su clima, su abundantes medios de supervivencia, los primeros hombres europeos vieron pronto subsanadas sus necesidades básicas, lo cual les dio tiempo para dedicarse a otras área como el arte, el deporte, la exploración, la ciencia misma.

Cuestión de García y cuestión de Tamayo.

Estos son mis apellidos, hasta de donde se de origen español ambos, como el de la inmensa mayoría de los mexicanos, el resultado pues del mestizaje. También hasta donde sé, hace mil años García era nombre propio pero hubo por allí un valiente muy valiente y, en honor a ese héroe -hoy anónimo- el García paso a ser apellido, para significar la valentía de las familias que lo adoptaban como tal. En cuanto a Tamayo, es un pueblo milenario de la madre patria. Muy orgullosos de su pueblo, los de Tamayo, como era usanza, se ponían por apellido el lugar de origen.

Mas allá de un millón de años la historia se pierde, nada hay de escritos. Lo curioso es que el camino se estrecha. Es obvio que todos provenimos del mismo sitio. Como especie, los científicos están casi todos de acuerdo que hay dos muy probables fuentes del hombre como hoy se conoce, unas teorías dicen que en África y otras que en Asia. También concuerdan en aseverar que solo pudo haber un despegue de las potencialidades de esta especie, cuando ella llego a Europa. Por su clima, su abundantes medios de supervivencia, los primeros hombres europeos vieron pronto subsanadas sus necesidades básicas, lo cual les dio tiempo para dedicarse a otras área como el arte, el deporte, la exploración, la ciencia misma.

Hay ciertas razones que solo entiende el corazón

Esta es la frase más célebre de Blas Pascal y explica mejor lo que anoche quería decir. El corazón de los hombres también tiene sus razones que atender. Aunque en el auge de la racionalización se pretendió sin más meter estas razones en lo evolutivo. Es decir, aquello que no podíamos entender de nosotros mismos se decía sin más Ah! es que eso pertenece a lo que queda de animales en nosotros.

En el presente, cuando parece que la racionalización ha perdido su encanto. Hoy que Dios sigue aquí tan presente, muy a pesar de que Nietzsche anuncio su muerte. Hoy que tenemos más ciencia y tecnología que nunca antes, el hombre sigue sintiendo un vacío existencial que resolver. Hoy que hemos inventado los deportes extremos, ya no para competir, sino para “sentir” la adrenalina. Hoy que podemos viajar a cualquier parte, mas y mas deciden viajar con las drogas, viaje que termina en un suicidio. Hoy pues, sigue habiendo ciertas razones apremiantes que el corazón del hombre necesita atender.

La noche de un día difícil.

Lo adivinaron, el titulo del post de hoy es la traducción del título de una de las más famosas canciones de The Beatles, en cualquier compilación de sus 20 grandes éxitos vendrá, bueno, siempre que sea seria la lista.

La noche de un día difícil porque así ha sido esta semana en el ámbito laboral. Extenuante, y peor aún, sin poder cuantificar si fue provechosa o no.

Esto me recuerda la escena de una película que vi hace unos días. Un tipo reclamaba al mundo la adicción por encontrar sentido y razón de ser a todo. Al final, según este tipo, el mundo se ha vuelto loco buscando exactamente lo contrario, la razón.

A mí en lo personal no me gustan los extremos, ni tanta razón que solo te provoque nauseas, pero tampoco tanta sin razón que caigamos en la ingenuidad. Matemáticas y Poesía, pues.