Santos que ríen.

A mi desde que tengo uso de razón la iconografía católica siempre me ha provocado un cierto recelo. Primero, lo confieso, era más miedo que otra cosa. Entrar a un templo era sinónimo de toparme con estatuas sangrantes, o a lo menos, santos empolvados de cara triste.

Sin hacer menoscabo del valor artístico de ciertas catedrales y otros sitios de culto, lo preponderante es representar unidos sufrimiento y virtud, como si la fe sin mucho dolor fuese una fe de poca monta. Como si la alegría fuese un pecado venial. Como si la esperanza fuera un accidente. Yo sé que no, que no es ese el mensaje de Cristo, pero el catolicismo acabo haciendo tanta  apología de la cruz que parece olvido la resurrección.

Todo este embrollo viene a colación porque hace unos días vi cierta película sobre la vida de San Martin De Porres, recordemos que acaba de pasar su fiesta. Aquel mulato tenía una risa contagiosa. Ese santo si me gusta, o mejor dicho, esa versión del santo si me gusta. Acá entre nos, me imagino que los santos deben ser personas felices, quizás no todos traigan la carcajada a flor de piel. Hay quienes, como dijo el poema “ríen por dentro”.

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Acerca de diariando
Marinero de Infanteria de Marina del Servicio Militar Nacional Patriotico Heroico y Obligatorio Matricula C-267481

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