Heriberto

Heriberto.

 

 

Cuando sea más joven quiero ser como él.

Joaquín Sabina

 

Hoy me llamo preocupado Heriberto, El Herí para los amigos, pidiéndome alguna foto de nuestros tiempos de estudiantes en la carrera de ingeniería. Hombre! en aquellos entonces lo que teníamos era hambre, no nos alcanzaba para una cámara ¿De donde podía sacar semejante excentricidad en  aquellos ayeres? Es que mi madre, repuso, no me cree que a la escuela algún día fui.

Hace ya casi veinte años que nos cruzamos los caminos. Ese veinticuatro de agosto, a las casi quince horas, de aquel remoto ’92, llevaba la regla Tee bajo el sobaco. Llego el flamante alumno, El Herí pues y nos sermoneo con una cátedra no solicitada – a sus nuevos compañeros de clase- sobre superación académica, denominación de origen (“allá en Guerrero”)  y remato declarándose fan de una banda que empezaba a sonar fuerte, el nombre creo que era Soda Stereo.

Su hijo, Señora, su Heriberto, fue a clases de Ingeniería Civil, eso lo tengo por cierto. Se sentaba en unas clases hasta atrás y en otras hasta el frente. No entendí jamás esa hiperactividad, a la mejor era una premonición de lo que sería de mayorcito. Muy inquieto o quizás así fue desde chiquito, usted dígamelo mejor ¿Como era allá en Guerrero?.

A mí me sorprendía como entendía a cabalidad lo que el maestro nos explicaba, muy clarito le quedaba cual era el minuendo, cual el sustraendo, así como entre los dos arrojaban lo que se decía la diferencia. Yo que siempre fui una papa, o sea un bruto, me lo explicaba tantas veces que ya mejor por pena y desvelo le decía que todo estaba claro.

Vivió en tantas casas, que perdí la cuenta, unas veces salía por la puerta de en frente, otra por detrás, bueno, hasta de costado lo vimos marcharse. Cocinaba un buen arroz, el café no le quedaba tan mal, fue de los primeros en adquirir la cultura de tomar agua exclusivamente purificada. Aquello me parecía un exceso ¿Como vamos a ir a la tienda a comprar algo que nos regalan por el grifo?. Nos compartía del pastel que empezaba a aprender a hacer su novia.

Aclarado el punto de que su hijo efectivamente estudio para Ingeniero, quiero decirle algo más importante: Heriberto siempre ha sabido ser un buen amigo. Pueden pasar años sin vernos y al volvernos la cosa sigue como si ayer mismo nos hubiéramos tomado siete whiskys en un bar. Eso me recuerda cierta anécdota de hace apenas unos meses -usted dispense las ganas de contar-: a altas horas de la  noche, mas bien, a esa hora maldita en que los bares están a punto de cerrar, dos viejos amigos, vaso en mano, salían de un bar. La policía se les acerco ¿A dónde se dirigen, señores? nos inquirió el gendarme. A nuestros respectivos hogares, respondió El Herí.

¿Señores? Me interrogue. En aquellos años mozos de la escuela la policía nos apañaba por el simple hecho de ser unos chavales, ya no pasamos de jóvenes y seguimos frecuentándonos, seguimos siendo, pues, amigos ¿No es esto un regalo de Dios o de la vida (para no molestar el ateísmo del buen Herí)? Yo sin chistar digo que sí.

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Acerca de diariando
Marinero de Infanteria de Marina del Servicio Militar Nacional Patriotico Heroico y Obligatorio Matricula C-267481

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