Sigue la tertulia epistolar

Alcides:

 

La disyuntiva que me planteas está justamente en lo que unilateralmente decidí antes de llegar a la juventud: dejar de creer en algo hasta que lo tenía pensado, y una vez ocurrido que ya lo tenía pensado me resultaba innecesario creerlo. Y así he vivido hasta ahora. Me parece que es necesario tener un referente del pensamiento, por lo cual una buena pregunta que le hago a mis estudiantes es: ¿cuál es tu filósofo favorito? Entonces, las disyuntivas estarán más en la elección de un tipo de pensamientos u otros tipos de pensamientos.

Mi amigo Roberto Barrón, de las lecturas de Marx Wartovski y Arturo Rosemblueth, afirma que el pensamiento son unas interconexiones neurocerebrales. De manera que ya estamos en un terreno específicamente materialista, y si en el ámbito de la experimentación aparece la posibilidad de medirlo, evidentemente se trata ya del campo científico. Pero, hay veces que el pensamiento no resuelve cierta cosa, o también, no hay pensamiento: las interconexiones neurocerebrales están en un círculo sin salida.

En este tipo de circunstancias es en las que me gusta estar, y como te puedes imaginar, así no necesito creer. Me parece que pensar me conduce a saber acerca de algo, y me doy cuenta que mientras más trato de saber, más se me pone el camino dificultoso. De seguro que te podrás acordar del paradigma de Sócrates, que en las escuelas lo repiten muchas veces sin su verdadero contexto: …sólo sé que nada sé… Si opto por creer, parece que es una salida fácil, que no me implica un compromiso. Prefiero hacer suposiciones (que se llaman hipótesis en los cursos de metodología de la investigación).

Como no todo ha sido posible medirlo, cuantificarlo, acotarlo, la razón se queda fuera. En la ciencia toda conclusión, ya sea teoría, ley o concepto, tiene futuro: su campo de acción puede ser modificado. Pero si el ámbito de las acciones es otro, supongamos que el campo emocional, también puede ser modificado. Aquí se trata de las artes. ¿Quién explica mejor la miseria producida por el capitalismo naciente de los siglos 16 al 18, Adam Smith u Honorato de Balzac? ¿el economista o el literato? La respuesta es: ambos.

La verdadera desgracia de la humanidad actual es la falta de tiempo para leer. La máxima revolución cultural de la humanidad ha sido el libro, muy difundido primero por la imprenta y ahora por el Internet. El lector atento siempre lleva la ventaja ante el escribiente. El dilema entre pensar y creer se disipa siendo simultáneamente lector y escritor.

 
Muchos saludos

 

Pepe

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Acerca de diariando
Marinero de Infanteria de Marina del Servicio Militar Nacional Patriotico Heroico y Obligatorio Matricula C-267481

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