Hoy un pequeño cuento, lo llamare: la invención del día y la noche.

Adán no fue en realidad el nombre del primer hombre.

Piénsenlo un poco, para que ocupaba un nombre si era el único

hombre sobre la faz de la tierra?

En realidad lo bautizaron así sus descendientes de la

enésima generación.

Incluso sintieron un poco de pena y lo dibujaron con una

hoja de vid que ocultase sus genitales.

Aquel hombre sin nombre sintió pronto el peso de la

sentencia que Jehová había dejado caer sobre él:

será a mi imagen y semejanza.

Quien quiere ser como un dios?

Quien quiere todas esas responsabilidades?

No es más sencillo ser un hombre desnudo que pasea por un jardín eterno?

Entonces ideo: tapare la ventana por donde me ve Dios -o sea el cielo-,

subió a la montaña más alta y pinto los vidrios,

llevaba consigo dos colores,

de azul pinto el cielo del día,

de negro la noche,

en ambos caso no le alcanzo bien la pintura.

Por ello, de día resplandece el sol que no es más que el brillo

de Dios que está al otro lado de la ventana.

Lo mismo ocurrió de noche, las estrellas y la luna

son el mismísimo Jehová que deambula por la bóveda celeste

en busca de aquel Adán, de aquel hombre desnudo sin nombre.

 

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Acerca de diariando
Marinero de Infanteria de Marina del Servicio Militar Nacional Patriotico Heroico y Obligatorio Matricula C-267481

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