Cuando sea niño quiero ser como el.

La infancia es por consenso la etapa más feliz de la vida; se necesita tan poco para ser feliz de niño, una piedra es un coche, una madera la espada de Damocles.

Aunque quizás, mas que caudales de felicidad, lo que sucede es que funciona mal la memoria de pequeños. Olvidamos con vertiginosa velocidad en la infancia. En cambio de grandes, nos enfrascamos a cargar maletas repletas de sin sabores.

Cada época tiene sus bemoles y sus “alegre divertimento”, la vida vale la pena vivirla en cualquier época. Me lo ha demostrado hace rato un viejo, fácil tendrá los ochenta años, estaba más vivo que nadie. Discutía con vehemencia como era posible que unos hot cakes costaran noventa pesos. Cuando sea igual de joven que él, quiero tener esa vitalidad, esa disposición de echar bala por un desayuno caro.

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Reflexiones metodológicas en torno a la taza de café.

Usted dispense que sigamos con los temas intrascendentes en este sitio, que ha sido creado para los más excelsos temas metafísicos, meta cuánticos y metafóricos. Pero digamos, que simplemente no me place hablar de más cosas que de esta taza de café que me estoy bebiendo. Sino está de acuerdo hay de dos opciones, la primera es buscarse algo más de provecho para leer, mire que en la internet abundan también cosas provechosas al alma y al intelecto. Segunda, hacerse su propio blog,  ahora sí, a hablar de lo que usted considere conveniente y oportuno.

Pero si ha decidido no optar por ninguna de las anteriores, es decir, sigue aquí. Lo cual le agradezco profundamente. Vayamos sobre el tema que nos atañe en la agenda para hoy: el café.

Sin duda que habrá detractores de tan exquisita bebida. Con el descubrimiento de los triglicéridos, los lepusitos, las grasas mono saturadas, los granos transgénicos y un largo etcétera usted debe haber leído, escuchado o recibido un Mail de algún amigo contrito por el tema, de que este brebaje tarde que temprano lo va a matar. Que su coloración típica, negro, es un mal agüero de que nada bueno puede contener.

En contra parte, si usted es de los nuestros, de los que beben café por el simple hecho de que nos gusta. Sin caer en excesos de razones o se regodea en que hay ciertas razones que solo entiende el corazón, mas no la razón -citando a Pascal-. Estará muy de acuerdo en que además del buen sabor hay otros alicientes para degustarlo.

Espanta el sueño, si lo bebe con cafeína, como Dios lo trajo al mundo. Lo cual, para quienes solemos manejar a deshoras y por varias horas es un buen antídoto para evitar eso que llaman accidentes de carretera.

Incita a la charla amena, no hay un buen mitote que no se diseccione sin la presencia religiosa de una taza humeante de café.

Nos adentra en el arte de la cocina, porque no crea usted que es cosa sencilla obtener un buen sabor, aunque en ingredientes sea muy básico, la mezcla oportuna resulta de sumo complicada para obtener algo de merito. Sabiendo hacer café, un buen café, preparar cualquier platillo excéntrico es pan comido.

Bien, pues me despido, que las labores propias del día me llaman, podría citar algunas otras propiedades benéficas pero mejor dejémosle como tarea que usted mismo la descubra.

Notas sobre estas notas.

En una entrevista escuche decir a Joaquín Sabina, ha diario tengo crisis de inspiración, pero las ganas de escribir son mayores. Lo comprendo, porque muchas veces escribir en este blog es como pedirle peras al olmo. Por más que lo intento no sale una palabra, o si salen, al tercer renglón desisto, borro todo.

Ya sabemos que el asunto de la creatividad es 5% inspiración y 95% transpiración, esfuerzo nato. Así es como van surgiendo estos post.  Mas o menos a diario, diariando.

A su vez esto explica porque este sitio es tan carente de calidad, seriedad y buenos modales. Inclusive hay quienes dudan de la existencia del  autor, se plantean que sea algún experimento científico en el que ha sido dotado de una laptop cierto simio de circo.

Abril y el tiempo.

Ya es Abril,  el tiempo vuela, nos va dejando atrás. O al menos esa sensación me queda. Hemos sido alcanzados, superados por el tiempo.

El tiempo, esa invención del hombre, las horas y los relojes, los calendarios. Y al final, si te detienes a pensarlo solo hay un instante, este. Único, irrepetible. Que se queda grabado en tu mente. Por tanto gran parte de lo que llamamos tiempo es en realidad, recuerdo.  Y a la vez ansia, deseo del porvenir. Porque creemos ilusoriamente que el futuro existe. Mas no es así, nada está escrito, el azar juega un papel determinante. Son los dedos ocultos de Dios que mueven el universo para que fluya y confluya.

La aventura de la vida consiste, en gran medida, en descubrir eso que está envuelto en el futuro. Morirse es dejar de creer en el tiempo.

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El lenguaje que usa las palabras genio y mediocre ha pasado de moda. Hoy preferimos diferenciarnos entre éxito y fracaso. Éxito si lo obtienes todo, fracaso si fallas en el intento.

Claro que en una sociedad consumista y capitalista como la actual, el verbo obtener pasa por todo lo material. Es decir el éxito se mide por lo que tienes, no por lo que eres, pues se espera -ilusamente- que aquello determina esto. Ejemplo: tienes una gran personalidad si tienes un gran coche.

Claro, esas realidades no se sueltan a boca de jarro; se guardan las composturas, se miden las palabras, se disimulan los juicios. Se es tan cruel que se sabe necesitamos un tamiz, un velo, una apariencia. A eso llamamos los buenos modales, la buena educación, lo políticamente correcto.

El Hombre Medriocre

Ayer y hoy he hojeado el libro El Hombre Mediocre de José Ingenieros. Para empezar creo muy poco en los extremos, en esas visiones que solo conciben al mundo en dos polos, blanco y negro, bueno y malo, genio y mediocre. Cada uno de nosotros somos una amalgama difícil de desentrañar. Si bien existen los extremos, son excepciones, no la moneda corriente. Lo que quiero decir es que nadie es genio por todos lados, ni tampoco hay un mediocre en todos sus ámbitos. Un deportista podrá ser un mediocre intelectual, pero un científico quizás sea un mediocre deportista.

Mas que mediocridad, creo que existen grados de conciencia. Los hombres desconocen muchas cosas, están como dormidos respecto a ciertas áreas. Por ejemplo en el arte, para citar un ejemplo concreto, los narco corridos, ayer en un semáforo, el muchacho que manejaba el auto de al lado llevaba a todo volumen una “canción” que exaltaba las virtudes de un temido y conocido narco del país. El tipo se sabía la letra de memoria y la repetía con ahincó, como si el narco fuese un héroe. Quizás el día que quede atrapado en el fuego cruzado de bandoleros entienda, despierte, tome conciencia.

Una vez que el hombre toma conciencia, se rebela contra su propia mediocridad, contra su adormilamiento. Tenemos en nosotros, cada uno, la semilla de la rebeldía.

 Contrario a no creer en la mediocridad como una medida estándar, creo firmemente en la capacidad del hombre de cambiar, de reinventarse, de superarse a sí mismo. Solo esta pues, en que alguien o alguna situación lo incite a ello.

Fides

No entiendo la fe sino solo como una relación personal, tu a tu, de amistad. Solo en esa cercanía se puede conocer al otro, en el caso de Cristo conocer su otro yo, su divinidad. Pero tampoco entiendo esa relación personal sin altibajos, sin bemoles, sin altercados.