Mi credo, una parte.

Creo…que el hombre es un animal racional y a la vez de fe. Sus más profundas motivaciones y convicciones se sustentan en el humo de la fe. Fe en un Dios creador, fe en una creación azarosa y evolutiva fortuita.

Creo…que tu puedes tener mejores razones y credo. Es tu deber compartirmelo. 

Creo…que si esperas en un Dios o no, ambas posturas son igual de sustentables. Siendo honestos no hay una demostración para ninguna de las dos.

 Creo…que si la ciencia abre una nueva puerta al conocimiento esta a su abre mil nuevas interrogantes. Y a su vez cuestiona a la misma fe. En otras palabras, el hombre descubre un ¿Cómo? Y surgen muchos ¿Por qué? ¿Para que? ¿Dónde? ¿Desde cuando?

 Creo…que la voz de Dios se escucha a través de los hombres. Hay mucho de humano en lo que consideramos divino y mucho divino en lo que consideramos netamente humano. La ciencia es la vía predilecta para hacer este discernimiento ¿divino? ¿Humano?

 Creo…en la perfectibilidad de los hombres, de la ciencia, de las religiones, de todo aquello que hace el humano. Esa es la tarea de la humanidad, ser imagen y semejanza de Dios, es decir: amor y uno solo.

 Creo…en lo inevitable del error, de la contradicción, en lo sublime de corregir el rumbo. No me llamo a ingenuidades, se que existe el mal, el dolor, lo falso, el error…azúcar y sal.

 Creo…en el arte, el deporte, la tecnología, obviamente en la ciencia y las religiones. En el amor, en todas sus manifestaciones.

 

Alcides

Desayuno con Pepe Farah.

El crimen nunca paga…aunque bueno, si vives en un país tan corrupto como México y tienes el dinero y/o las palancas adecuadas lo más probable es que la justicia te haga lo que el viento a Juárez.

Lo que si de plano no es redituable es dedicarse al arte o a la ciencia, sea de promotor o creador, ciencia y arte nunca van a redituarte en lo económico.

Pepe Farah es uno de esos tipos, que, aun a sabiendas del sabor amargo que suelen dejarte estos menesteres ha dedicado su vida a ellos.

Profesor del Instituto Tecnológico de La Paz en mis tiempos de estudiante, sigue allí, más por vicio y vocación. Era en aquellos tiempos mozos un icono de rebeldía, cuestionador nato de lo institucional. Saber que sigue allí me da cierta esperanza en la educación…todavía hay cuñas que aprieten.

No nos habían presentado en forma, hoy hemos ido a desayunar sin la formalidad de un “Zutanito, te presente a Fulanito. Fulanito te presento a Zutanito” Confieso que ni hizo falta. Buena charla, muchas comuniones, obvio, diferencias las ha habido. Si hubiera dos mentes iguales en el mundo me sentiría decepcionado de Dios por su falta de ingenio. Pero no, ese tipo de allá arriba es un bonachón de buen humor y a todos nos ha dado algo singular.

El año en que yo nací, el ya era un vagabundo. No solo de los caminos, sino de las ideas…Me quedo pensando un  poco, llego a esta conclusión: cuando sea grande quiero ser como el…que las mentiras parezcan mentiras, que las verdades no tengan complejos.

 

Alcides

 

Del cine o Love Song by Bobby Long

Dicen los versados en bautizar con un “ismo” adecuado a todo, que hoy vivimos en el postmodernismo. O sea como que un pasito mas alla del “ismo” previo, que me supongo yo, por simple interpolación, fue el modernismo.

Lo que rifa y controla en este postmodernismo es la imagen –dicen también los eximios exegetas-, es decir,  toda la información nos entra por la vista; lo que nos quieren vender también entra por la vista, que si vamos a opinar tiene que ser con una imagen para que nos tomen en serio (alli esta el Corel, el Power Point o de jodido agarrate el Paint). Si quieres ser del Jet Set o la High Society contratate un asesor de imagen o de jodido lee los libros de Gaby Vargas.

En este tenor es obvio esperar que el cine juegue un papel central, el cine es pura imagen. Todo nos lo sugiere lo que vemos en la pantalla, sea chica, mediana, grande o 3D. El cine pues es una de las herramientas ¿o armas? Fundamentales del postmodernismo. Y eso sin siquiera hablar de que todos vamos al cine, aunque sea de vez en cuando.

Si en algo hay una gama amplia es en el cine y sus géneros, que hay desde génerotes, generos mediocres, generitos, subgéneros, subsubgeneros y ya más allá deben empezar los sub con exponencial.

En lo personal si veo una película es para entretenerme, pensar un poco, ¿Y Por qué no? Divertirme un poco. En esta vida no todo es serio y filosófico. Es mas, la risa es la mejor filosofía.

Por tanto no soy muy afecto a eso que llaman “cine de arte” ¿Por qué? Simplemente no lo entiendo, las cosas pueden ser tan simples y siempre se la complican toda.  Además siempre he sido un aferrado defensor de aquella frase disparada por el Maestro Camacho…lo sencillo es lo genial.

He aquí las 3 películas que he visto esta semana, recomendables al ciento por ciento:

Love Song by Bobby Long (Secretos del pasado, 2004) con John Travolta, Scarlett Johansson.

Brothers (Entre Hermanos, 2010) con Tobey Maguire, Jake Gilenhaal y Natalie Portman.

White Oleander (Déjame Vivir, 2002) con Alison Lohman y Michelle Pfeiffer

 

Atentamente

Marinero de infanteria de marina del servicio militar nacional, patriotico, heroico y obligatorio, clase 1974. Alcides Garcia T

Parte de guerra

Todo el pelotón caminamos por una brecha, franqueada por altos árboles de troncos blancos y mínimo diámetro, allá en sus copas se ven las hojas. Quizás así son los bosques de coniferas se me viene a la mente, al recordar mis clases de tercero de primaria. Que cosas mas raras se le vienen a uno a la mente cuando va de patrulla en esta guerra. Al principio cuando me iban a mandar a acá creía que al estar acá solo pensaría en sobrevivir y volver a mi país. Estando aquí, uno se da cuenta que puede pensar mil cosas menos las normales.

En avanzada tres soldados, a unos quince metros voy yo, mi grado es de cabo, lo cual me vuelve el de mayor rango en este minúsculo sustrato del ejército de mi país. De momento la única prerrogativa que tiene el cabo es que lleva pistola al cinturón, una escuadra.

El manual dice que debería haber un sargento con nosotros, pero en la guerra no se puede uno poner chiquion, además, un sargento muere igual que un cabo o un soldado raso, no creo que al enemigo le moleste dispararme a mi o a un sargento, vamos, ni a un capitán.

Detrás de mí, a otros veinte metros, vienen cinco compañeros. Aun mas atrás, en plena retaguardia los últimos dos. Todos vamos silenciosamente, volteando a todas partes. En esta zona son comunes los enfrentamientos y, los muertos de nuestro bando, suelen ser comunes.

De pronto los de vanguardia ponen rodilla al suelo, levantan la mano empuñada, señal de detenernos, algo abran visto. Unos segundos de espera y me gritan:

-¡cabo! ¡Hay unas monjas ahorcadas en un árbol!

-¿Monjas? Pregunto extrañado, en esta guerra no he visto monjas, mucho menos muertas y ahorcadas ni pensarlo.

-¡Siii!

Me acerco a los tres de avanzada caminando de patito, el que ha ido al menos un día al servicio militar sabe lo que es caminar así y lo que duele.

Al ir llegando a ellos me dice uno:

-Arriba, mire cabo. Señalando uno de los árboles del costado derecho.

Cierto, allá en lo alto a unos veinte metros dos cuerpos con hábitos de monjas. Extraño lugar para ejecutar monjas y eso de subirlas tan alto parece una excentricidad aun en la guerra.

-¿Qué hacemos?

-Pues las descolgamos y nos las llevamos al campamento.

-¿Neta?

-Pues si güey ¿Qué no vez que es un sacrilegio dejarlas allí?, respondo molesto.

Sin la menor delicadeza, uno saca su cuchillo. Va al tronco donde penden las damas, los nudos son visibles, hace accionar el filo. En cinco segundos ya han caído los cuerpos.

-Dios santo, que bestia eres. Le dice un compañero al temerario del cuchillo.

-¿A poco no dio la orden usted mi Cabo?

-Pues si güey, pero no así de clavado, que tal si hubieran estado echadas a perder, nos hubieras salpicado de viseras.

Nos acercamos los cuatro. Curioseamos los rostros, como si quisiéramos encontrar un rostro conocido. Negativo. Pobres monjas, la lengua de fuera. Tuvieron una muerte horrible.

El resto del pelotón se ha reunido muy atrás, a unos 40 metros. Nos observan sin interés, sacan cigarrillos, toman agua, hacen planes para en la noche que lleguemos al cuartel; pactan una jugada de cartas. Ver tanta muerte hace que uno o se vuelva loco o se vuelva insensible. Creo que en este grupo todos hemos caído en este extremo. La muerte se ha vuelto nuestro trabajo.

Grito a los retrasados:

-¿Quién trae las bolsas para cadáveres?

-Yo. Grita el soldado Pérez y viene corriendo hacia nosotros, mientras va sacando de su mochila lo solicitado.

Llega, acaba de sacar los costales que vienen bien doblados, mientras observa los rostros de las muertas.

Grovaz le pregunta:

-¿Las conoces?

-No mames, si soy ateo.

Reacciono:

-Bueno, chingados, ya se hizo un desmadre aquí. Ustedes tres váyanse a la vanguardia. Grovaz y los otros dos toman sus armas en posición para continuar el trabajo que saben hacer. Cuidarnos.

-A ver, vénganse tres mas con Grovaz…Inmediatamente se apuntan tres voluntarios que vienen hacia nosotros a ayudar a meter a las monjas a las bolsas. Mejor me retiro unos metros, vuelvo al camino, saco un cigarro y vuelvo a mis meditaciones mientras los unos vigilan, los otros guardan cadáveres.

-¿Por qué nunca pregunte a la maestra como eran las coniferas? A la mejor y estas son. Si volviera a la primaria ahorita, levantaría la mano y diría a la maestra que yo conozco un bosque de coniferas, de hecho descolgamos a dos monjas ahorcadas en uno de ellos. Que pendejada como le iba a decir que fui adulto, vine a una guerra, en un patrullaje nos encontramos colgadas a dos monjas y luego me volví niño para regresar a clases.

Un grito me saca de mis divagaciones.

-¡enemigo! ¡Enemigo! Gritan los de enfrente.

Vuelve la escena a la vida real, viene un carro militar, de frente a mí, unos cien metros adelante. Los disparos no se hacen esperar de ambas partes, instintivamente me tiro a la orilla del camino, donde voy a caer a una cuneta.

-¡cúbranse! ¡Fuego a discreción! Sigo actuando instintivamente, fuego a discreción, si ya las armas de todos están siendo accionadas. Del carro enemigo se ven correr unos cuantos hacia el bosque. También ellos disparan.

Hoy traigo ganas de disparar con mi pistola, pienso, me la busco sin dejar de ver al frente, aquí la traigo, corto cartucho, disparo al parabrisas, donde va el chofer. Las balas surcan entre las ramas, caen hojas por doquier, el fuego es nutrido, verdadera lluvia de plomo, nomás que esta lluvia es horizontal, ellos nos tratan de matar y nosotros a ellos.

-¿Están bien en frente?, grito. Nadie responde, sigue ele ruido ensordecedor de las armas automáticas.

Volteo a donde están las monjas, ya casi estaba terminado el trabajo, solo se ven las dos bolsas, aunque sin cerrar. Cerca de ellas, pecho tierra, veo las siluetas de mis otros tres compañeros, gritan groserías y disparan al por mayor. Adrenalina e histeria, eso es la guerra en vivo. La locura total.

Trato de ver hacia atrás sin levantar mucho la cabeza, ellos hacen lo mismo, disparan como engendros del mal.

De pronto una explosión, luego otra. Los tres de enfrente tiras granadas, el carro queda hecho trizas en segundos. Vació mis cargados, disparando prácticamente a ninguna parte.

Un grito como de locos se escucha, es uno de nosotros, lleno de gusto por el daño hecho con la granada.

-Alto el fuego. ¡Alto el fuego! ¡chingados!

-Cabo, venga a ver el desmadre que hicimos.

-¡Voy!

Otra vez de patito, pero ya por el camino, sino por los arbustos. Llego a donde están los de avanzada.

-¿Alguna baja aquí?

-Ni madres, pero mire el camión.

-Voy a ir, cúbranme.

Me acerco, con la pistola en mano, no pienso si tengo miedo, hambre, frió. Solo en disparar al mínimo movimiento.

-¡Cabo! ¡Cabo! ¿Aviso al cuartel? Grita el de comunicaciones que trae el radio, que por norma siempre va hasta atrás.

-Si güey, eso debiste hacer desde que encontramos a las monjas.

Todos se ríen de el.

Abro la puerta, un cadáver en el asiento del chofer. ¿Yo lo abre matado? Dispare al chofer, pero no creo, ya habían disparado casi todos cuando apenas comenzaba yo.

En la parte de atrás, entre los asientos longitudinales otro cuerpo. ¿Estará muerto? Se nota que respira con dificultad, bañado en sangre.

Lo arrastro por el piso del camión, hasta que lo hago caer al suelo. Su cuerpo no ofrece resistencia, sin duda lucha por su vida pero en su mente, mientras que su cuerpo ya no ofrece resistencia mínima. Un quejido le sale al pobre desgraciado.

-Pide un helicóptero. Le aviso al de comunicaciones.

Orden que es repetida por varios, ya que el soldado del radio esta bastante lejos.

Llega otro de vanguardia a mi lado, ambos vemos el cuerpo, ya casi sin vida, su rostro esta quemado, sangra del uniforme, no sabemos si son heridas de bala o la granada lo alcanzo.

Viéndonos a los dos de pie, todos toman confianza y se acercan presurosos.

-¿Quién quiere quedarse? Necesito dos que se queden. Ya viene el helicóptero y necesito que cuiden a este.

Levanta la mano Cruz y Salvatierra.

-Bien, vamos a seguir a los que huyeron. A la mejor pescamos algo bueno.

-¿Le podemos dar agua?-pregunta Cruz viendo al moribundo.

No respondo, otro se encarga de dejar bien claro el asunto:

-Claro pendejo ¿Cómo te gustaría que trataran si estuvieras en su lugar?

Cruz se inca para empezar a darle agua al herido. Salvatierra se aleja un poco, sabe su trabajo, quizás y regresen por el compañero, mas vale estar preparados. Nosotros seguimos camino arriba. Hay un trabajo que hacer, un juego de naipes por consumar, un país que defender, buscar en una enciclopedia o en Internet que es un bosque de coniferas.

De pronto, despierto, son las seis de la mañana.

Alcides

Lo clásico bien clásico o monólogos sobre lo clásico (quizás seria mejor titulo: meditaciones de un martes por la mañana antes del desayuno sobre el tema de la música clásica).

¿Música clásica? ¿Música de academia? ¿Música intelectual? ¿Música seria? ¿Música instrumental? O la pregunta más bien  seria ¿Cómo llamar a ese tipo de música? Quizás simplemente no necesite nombre. Los hombres le ponemos nombre a las cosas para distinguirlas, para referirnos a ellas. Luego el nombre nos dice todo, o se convierte en un muro infranqueable, peor que la muralla China ¿Música Clásica? ¡Ay no! Que flojera. Por ello a veces el nombre le estorba, seria mejor llamarla simplemente música.

 

¿Te gusta la música? Si ¿Cuál? Pues la música-música, diría uno, si no hubiera divisiones. El que pregunta entendería que le gusta desde Los Corrientitos del Norte, pasando por el trovador Juan Penas, hasta lo sublime de Petronio Chocolatovsky.

 

En conclusión diria que… ¡oigame no! ¡Me ahorco! ¡me ahorco!

 

Alci

Un tipo raro.

 

Desde niño intuía que en mi algo andaba mal, algo me hacia ser diferente…aislado, introvertido. Hoy se que era mi personalidad que empezaba a dibujarse, a aflorar.

Los chicos de la cuadra jugaban fútbol, mientras yo leía novelas clásicas viéndolos de reojo desde la ventana. Cuando pase un año en la biblioteca haciendo mi servicio social, leí casi toda la sección N, de allí recuerdo mi afición especial por Vargas Llosa, Jorge Ibarguengoitia, Emilio Salgari entre otros. De Cervantes Saavedra, pese a lo que se diga solo El Quijote me gusto, la Novelas Ejemplares apenas si la comencé.

Un tipo raro, no en el sentido petulante que pueda sonar, sino así, simplemente raro, diferente, que confieso me hubiese gustado encontrar a mas como yo, discutir con alguien sobre tal o cual libro, sobre este o aquel autor, que me recomendaran a Fromm o a que se yo.

Con el tiempo se aprende a valorar lo que uno es, Dios a todos nos hace únicos e irrepetibles, es nuestra tarea explotar ese ser que nos dieron. No hay nada peor que gastarse la vida sin descubrir en que uno es bueno. Quizás lo tuyo no sea leer, ni escribir, quizás lo tuyo sea hacer ricas empanadas de dulce como la señora que las vende en un puesto de la carretera. Quien quiera que sea esa señora, le doy gracias a Dios por esa señora, que me ha endulzado el paladar la otra tarde ¡rico!

A. 

La gran pérdida

 

Allá en mis tiempos mozos de estudiante de ingeniería civil (advertencia: yo fui a la escuela aunque no se me note mucho), en el tres veces heroico H. Instituto Tecnológico de La Paz, nos decía el buen maestro Camacho que la gran perdida de la humanidad en estos tiempos menopausicos del homo sapiens –época también llamada postmodernismo- era la capacidad de asombro. Ya nada nos sorprende, hemos visto tanto por televisión que ni el mimetismo de las mariposas, ni el reporte de 24,000 muertos en México por la violencia en lo que va del sexenio de Calderón nos inmuta de nuestro ensimismamiento. En pocas palabras, todo nos vale; desde el calentamiento global, el fenómeno del niño, la niña, hasta que el CCC lo compro Chedraui o que el SME levanto la huelga de hambre en el Zócalo del DF.

 

A