Liszt

Si uno quiere conocer las posibilidades del piano, lo que sonoramente se le puede extraer por los humanos, se tiene que ir a estos cuatro puntos cardinales: Beethoven, Chopin, Debussy y Liszt.

He dejado a Ferenc Liszt a lo ultimo porque de el quiero hablar hoy. La leyenda dice que un día el joven Liszt asistió a un concierto del virtuosísimo del violín N. Paganini, quedo tan impresionado que se retiro con la idea de llegar a ser y tocar como el, pero no el violín, sino el piano. Se encerró tres años a depurar su técnica, dedicando 18 a 20 horas a su misión, el resto de las horas las dejaba para mal dormir.

Quien ha escuchado a Liszt sabe de la complejidad técnica y sonora del autor. No es un compositor fácil, no es alguien que se le pueda disfrutar mientras se hace otra cosa. Para oír y escuchar bien a Liszt hay que dejarlo todo, sentarse, cerrar los ojos y dejarse llevar por ese viaje estrepitoso, a veces sinuoso a veces plagado de imágenes como suelen estar hechas sus obras.

Para comprender mejor su obra, sin duda es necesario leer un poco de su vida. Una vida longeva, plagada de una búsqueda de lo trascendente.

Sin dudar, diría yo, que oír a Liszt es una de las 20 cosas que deberíamos hacer antes de morirnos.

 

Alcides

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Marinero de Infanteria de Marina del Servicio Militar Nacional Patriotico Heroico y Obligatorio Matricula C-267481

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