Pentecostés

Noche de Pentecostés, hace unos dos mil años por primera vez los apóstoles de Cristo tienen una experiencia personal y directa con esta tercera persona de la divinidad. Aquella noche estaban ocultos, temerosos de la persecución de las autoridades judías. De pronto un gran estruendo hizo vibrar todo y en lo físico se pudo ver como se posaban “como lenguas de fuego” sobre cada uno de los presentes.

Hasta aquí vamos bien, para nuestro escepticismo crónico moderno, todo lo que este en pretérito deja de preocuparnos. He parafraseado sin contratiempos el principio del segundo capitulo de el libro de los Hechos. Fue, hubo, en aquel entonces, antes, por aquellos días, estaban…son palabras que nos tranquilizan, porque por alguna extraña razón creemos que si esta en pasado lo dicho en La Biblia, entonces no es peligroso. Como que nuestra lógica se rige más o menos por el siguiente axioma: “bien, pues si fue, es cosa indemostrable, que puedo asumir desde mi fe sin un riesgo real de tener que demostrarlo”. Y así vamos llenando nuestro baúl de cosas que no entendemos, pero que no importan mucho porque están en pretérito.

Sin embargo, sin Pentecostés no hay Iglesia, sin Pentecostés nuestra fe dista muy poco de ser una mera colección de referencias morales y éticas. Un cristiano sin la experiencia del Espíritu Santo a la manera de Pentecostés será un cristiano que no conoce bien el poder del Espíritu Santo.

Pero no te preocupes, Pentecostés no solo es esta noche, no es solo una vez al año. Si acaso hoy solo celebramos el primer Pentecostés, desde entonces ha habido, miles y millones de Pentecostés, porque es una experiencia única y personal. Pero no por ello ha sido menos personal y real. A Saulo lo tomo camino de Damasco sobre un caballo, a San Francisco de Asís mientras convalecía enfermo, a la madre Teresa de Calcula en una estación de trenes. Hay quienes han tenido esa experiencia al ir pasando por un templo, al entrar a la ducha, al oír una canción, al esperar en un pasillo de hospital, a cada quien le toca en un lugar muy diferente. Sin embargo, lo importante es tener esa experiencia personal con el Espíritu Santo.

¿Y como se le hace para tener esa experiencia? Fácil, simplemente se pide. Así, con las palabras que te broten, aun sin saber bien a bien que estas pidiendo. Y quizás no pase en ese momento, pero cuando pase sabrás que eso era lo que estabas pidiendo.

Yo puedo decir, como parte de mi testimonio, que un buen día, cansado de la vida le dije a Dios: demuéstrame que existes, porque quiero creer y no puedo. Ya probé por muchos caminos llegar a la felicidad y no he llegado. Si me estas oyendo, ayúdame, porque para mi ya no hay mas solución que el suicidio. Hoy puedo decir:

 

¡Que grande es el amor de Dios! ¡Que grande es su Espíritu Santo!

 

Alcides

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Acerca de diariando
Marinero de Infanteria de Marina del Servicio Militar Nacional Patriotico Heroico y Obligatorio Matricula C-267481

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