La Misión del Laico en la Iglesia de Hoy.

La Iglesia Hoy.

Para poder hablar del laico, y su misión en la Iglesia, debemos hablar primero de lo que la Iglesia misma es hoy, es decir, cual es su situación. Para ello hagamos un poco de historia:

Nosotros sabemos en fe y según los datos históricos que esta Iglesia, la católica, la fundo Cristo mismo, en Pedro, cuando le dijo: Tú eres Pedro, que significa piedra, y sobre esta piedra edificare mi iglesia. Después del martirio de Pedro en Roma, fue San Lino quien tomo la sede, después San Anacleto, y así siempre ha habido un sucesor hasta nuestro días.

El cristianismo primitivo sufrió una terrible persecución, en aquellos tiempos ser cristiano exigía que muy probablemente seria uno martirizado. Por ejemplo, cuando el emperador romano Nerón quiso remodelar la ciudad, se le ocurrió la brillante idea de incendiar la ciudad y, culpar a los cristianos de ello.

Fue hasta el año 313 cuando el emperador Constantino dispuso que hubiera libertad de religión en su imperio y por tanto el cristianismo dejo de ser proscrito. Inclusive, pocos antes de morir Constantito fue bautizado en el catolicismo.

Después vino un perdió largo, en el que poco a poco el catolicismo se fue metiendo en la sociedad y el gobierno. Llegando en unos cuantos siglos a entenderse como una misma cosa el ejercicio del poder político y el ejercicio de la autoridad religiosa. Hubo periodos en que el Papa era quien ponía y quitaba reyes, príncipes y la nobleza en general.

Sin embargo, por desgracia ese poder fue corrompiendo al clero. Y se termino volviendo aquello una gran corrupción. Por ello fue hasta el siglo XV cuando muchos inconformes con la forma de ejercer el magisterio conformaron el gran cisma de Occidente, principalmente dirigido por Lutero.

Sin embargo, como por providencia divina, aunque Europa se encontraba dividida entre católicos y protestantes, y que este Protestantismo al mismo tiempo casi de su fundación empezó a ramificarse en muchas denominaciones. Todo esto coincidió, a su vez, con el descubrimiento de América, lo cual significo para la Iglesia un gran capital de creyentes. Ya que España, país significativamente católico fue el precursor de la dominación tanto militar, político como religiosa.

Fue con la revolución francesa, en los albores del siglo XVIII cuando los grandes pensadores empezaron a plantearse la necesidad de una división entre gobierno y religión. Motivados principalmente por los principios de igualdad, fraternidad y libertad. Su pensamiento era este ¿Cómo puede haber igualdad de parte de un gobierno si gobierna con los principios y creencias de una religión determinada? Por eso el gobierno debe ser irreligioso.

Desde ese 1800 hasta ahora es como se han ido conformando sistemas políticos totalmente alejados de cualquier influjo católico. En México fue con Benito Juárez cuando el gobierno se separo de la Iglesia.

Esta separación, sin duda ha traído cosas buenas, sobre todo a permitido a la Iglesia dedicarse a lo que realmente debe, a mostrar a Dios a los hombres. Sin embargo en las instituciones ha significado una perdida de los valores, sobre todo hacia la vida y el amor. El aborto, la eutanasia y la posibilidad de adoptar niños por parejas homosexuales son graves muestras de esa “modernidad” mal entendida.

Sin embargo en el hoy, tampoco son buenos tiempos para la Iglesia como institución, hay una verdadera desbandada de escándalos que se van cerniendo sobre ella, haciendo mella en su credibilidad.

No quiero dar yo una impresión pesimista de nuestra Iglesia, sino que hay una realidad que aun muchos se niegan en aceptar y que otros muchos desconocen, porque simplemente no les interesa, lo cual constituye un pecado de omisión.

Sin duda, ya desde el Vaticano II, hace 45 años, la iglesia ha vuelto su mirada hacia los laicos, comprendiendo que sin ellos, sin nosotros, la misión para la que fue fundada pierde su fuerza natural. La misión es evangelizar, anunciar la buena nueva, de que Dios ya no es un ser o ente alejado, sino un padre amoroso que nos ha enviado a su hijo para anunciárnoslo y, que aunque el ascendió a los cielos, nos ha dejado un paráclito maravilloso, la tercera persona del Dios, que es el Espíritu Santo.

La misión de laico.

La misión del laico es la misma que la misión de la Iglesia, que la misión del clero. Y que ya mencionábamos en el párrafo anterior: Evangelizar. Evidentemente esta evangelización debe ser en el lugar concreto donde cada uno se ha insertado a través de su proceso de vida: en la escuela, en la casa, en la fábrica, en todos lados, donde estemos debemos evangelizar. Esta evangelización empieza por el ejemplo, no hay evangelización sino hay testimonio de vida. No podemos hablar de la alegría que Dios puede traer a las vidas de los demás, sino se nota en nuestras vidas. No podemos evangelizar sino sabemos dar respuestas a las inquietudes que la vida presenta para todos.

Vamos a ver a continuación tres grandes problemas que afronta el laicado y que le merman en su capacidad de evangelizar.

Primero. El clericalismo. Que es una codependencia sobre el decir y opinar del clero. Lamentablemente esta tendencia prevalece debido a la forma en que siempre se ha hecho la Iglesia. Vivíamos en un mundo católico, donde todos íbamos el domingo a misa, sino se volvía un escándalo en el pueblo que los hijos de doña Chuchita Ortega tienen dos domingos sin ir a misa. Sin embargo, las poblaciones han crecido exponencialmente. Ya no conocemos ni a quien vive en nuestra propia acera. Pero sigue prevaleciendo esa forma de Iglesia en que se supone que todos íbamos a ser evangelizados por el párroco.

Estamos tan acostumbrados a que todos nos los diga el cura, que no sabemos tomar ni iniciativas ni decisiones.

Segundo. El materialismo. No necesariamente hablamos aquí de dinero, pero si de que nos enfoquemos solo a hacer esto, aquello o lo otro, sin que en realidad nos enfoquemos a lo esencial. El ejemplo mas claro de esto le sucedió a Jesús, cuando fue a la casa de Lázaro. Marta, la hermana, iba y venia llevando y trayendo lo que ocupaban las visitas, sobre todo Jesús. El café, el agua, la leche, las servilletas, las sillas, las tazas, las cucharas, las galletitas, los manteles, todo quería tener impecable Marta, por eso no paraba, en tanto que Maria estaba sentada a los pies de Jesús escuchándolo atentamente. Marta reclama ¡que me ayude! ¿Y que dice Jesús? ¿Acaso mando a Maria ayudar a su hermana? No, por el contrario, le dijo a Marta que Maria había escogido la mejor parte. Así nosotros también tenemos que tener cuidado de no imbuirnos en el materialismo y el activismo, sino ante todo cuidar de tener una relación cercana con Jesús, saber concedernos estar a la escucha del maestro.

No podemos evangelizar, como les decía un poco antes, sin nosotros estar evangelizados. No podemos hablar del amor de Dios, sino hemos experimentado su amor, y no lo podemos experimentar sino tenemos la actitud de Maria.

Tercero, la rutina. Esta también es una tendencia muy peligrosa. Sin duda todos cuando empezamos en los caminos del Señor, lo hacemos llenos de alegría, llenos de enjundia y con gran celo. Pero puede empezar a pasar el tiempo y lo que hacemos lo empezamos a hacer por costumbre, por rutina. Ya vamos a misa en automático, que cuando estamos rezando el padre nuestro ni siquiera recordamos en que momento nos dispusimos a alistarnos en casa para ir al templo.

La rutina nos va asfixiando, cansando, nos va empobreciendo, porque una de los mayores tesoros de esta Iglesia es la enorme gama de carismas que presenta, la infinita sabiduría de sus doctores y maestros que Dios nos ha dado durante estos dos milenios. Lo ejemplos de vida de un sin numero de santos y santas. No nos podemos dar el lujo de encasillarnos en un rincón de esta Iglesia universal.

Por ultimo hagamos una oración al Dios que todo lo puede, para que nos conceda el don maravilloso de evangelizar, porque no hay mayor alegría que anunciar a los otros las maravillas que el Señor puede hacer en sus vidas y que ya las ha hecho en la mía y en la tuya.

Alcides.

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Acerca de diariando
Marinero de Infanteria de Marina del Servicio Militar Nacional Patriotico Heroico y Obligatorio Matricula C-267481

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