Hermanas

Primero de Enero, día familiar, temprano fuimos a la tienda mis hijas y yo, estaba cerrado. Eran casi las nueve, el tendero que siempre madruga hoy le debió haber amanecido tarde o quizás con una resaca criminal opto por quedarse acostado hasta muy tarde. Regresamos por el carro para ir a Ley, aquí empieza la odisea, Camila quiere siempre todo lo que toca Paulina, Paulina cede a veces, a veces no. La pelea es por una muñeca. Paulina alega que esa le regalo Santa Clauss, así que es legalmente de ella. Camila no sabe hablar ni del principio de la propiedad privada que impera en el sistema capitalista en el que vivimos, así que la quiere, la quiere, la quiere, patalea, tira, empuja. Paulina cede en prestarle la dichosa muñeca, total que al cabo ni puede jugar con ella por estar defendiendo la posesión. Premio de consolación: te puedes comprar un jugo de los que quieras en la tienda. Huevos, plátanos, tomates, tortillas, bueno tortillas no, porque los empleados encargados de las maquinas van llegando a penas y dicen que empezaran a salir las primeras hijas del maíz en una media hora. Buscamos el jugo prometido como premio a ese espíritu de compartir que impero en la cabina del coche. Escoge uno de naranja con popote, Camila estira la mano, no sabe decir nada pero bien que le entendemos que ella también quiere uno igual; el problema es que es de popote, al dárselos los aprieta y antes de poder echárselos a la boca ya ha tirado la mitad sobre su ropa. ¿Me lo puedo tomar de una vez? No, hasta que lo pague, ¿Por qué? Me regaña el policía. No hay ningún policía. Los policías nos están viendo por aquellas cámaras en el techo ¿las ves? Si, OK. Pagamos, vamos al carro, subimos las cosas. No se les olvido el jugo comprado así que Paulina lo pide, se lo doy de entre las demás cosas en las bolsas. Camila exige el suyo y pasa lo anunciado, surte a su ropa con la mitad del jugo, cruzamos la calle en coche, en frente hay un oxxo, venden mi café. ¿Me esperan? Si, dice la que habla, la otra sigue tratando de extinguir su medio jugo. Si llora Camila me avisas por la ventana, voy a estar atento. Esta bien, dice Paulina. Me bajo a prisa. Sirvo el café, tomo los sobres de azúcar y crema, la tapa, el popote que funge como cuchara para batir. Son 13 pesos, pago con 50. ¿No traerá los 3 pesos? No, no traigo nada de cambio. Llego al carro, ambas hijas sentadas en santa paz con sus respectivos y similares jugos. ¿Por qué no preparaste el café dentro de la tienda? Tenía prisa por venirme, pensé que iban a estar desesperadas. No, estamos tomando jugo. Si ya vi. Me empiezo a preparar el café. Se acercan a ver la tarea, ambas se sorprenden como el azúcar se hunde en el líquido negro, luego la crema causa mayor sensación, se pierde como en arena movediza y hace cambiar de color negro a café el líquido del vaso. Ellas siguen absortas por el espectáculo de mini circo que les da su papa en el coche.

Alcides

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Acerca de diariando
Marinero de Infanteria de Marina del Servicio Militar Nacional Patriotico Heroico y Obligatorio Matricula C-267481

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