Polinización

Hace días esperaba en el carro que mi hija bajara de su clase. A mi izquierda en un breve jardín había una planta bastante alta, singular que no tenia casi hojas, solo el tallo y pronunciadas flores, en ellas se revoloteaban decenas de abejas. Para mi iban y venían sin orden alguno, caos total, mas ninguna chocaba con otra. Así que en el fondo había un orden trascendente que yo no alcanzaba a descriar. Las abejas se alimentaban de las flores, las flores cedían ese espacio de alimentar a un extraño, para que el extraño les hiciera un gran favor: polinizar. Así la planta, la flor, garantizaba su sobre vivencia. La abeja pues iría a otra flor y allí fecundaría la vida. Al ver un espectáculo así, me sorprende como hay gente que diga que todo eso es adaptación –de la flor- he instinto –de la abeja-. Me parece que cuando se usan esos términos, adaptación e instinto, en realidad no esta diciendo nada. Solo son palabras huecas, solo denotan la acción, pero no explican ni el porque ni el como. Adaptación e instinto solo son un breve bosquejo del “¿Cómo?” No me convence, simplemente no me convence que todo sea fruto de azar, de las combinaciones infinitamente poco posibles que dieron pie a la vida y, mucho menos, a la vida conciente de si misma. Si hay un Dios, seguramente sabe de emoción, seguramente nos dejo esas pistas maravillosas de las abejas y las flores para intuir su presencia creadora. Alcides

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LA SABIDURIA (Parte 6 de 6)

6.-¿Y entonces que hacer?.

 La Sabiduría no es un estado final, no conozco a ningún sabio serio que un buen día se ponga a decir “soy sabio, lo he logrado”; el verdadero sabio es el que ama la búsqueda eterna, aquel cuya búsqueda misma le provoca un placer insustituible. Aquel que busca sin prejuicios por medio de la razón y la fe; aquel que busca sin miedo a la razón o la fe; que no encuentra en estas dos vías una contradicción sino una complementariedad indivisible.

El error de la razón es negar a priori la dimensión espiritual, mientras que el error de la dimensión espiritual es tenerle miedo a la razón. Temor a que aquella descubra que las creencias de esta son falsas.

¿Y entonces que hacer?, ¿a quien creerle?, ¿Qué puerto es realmente seguro para atracar nuestra fe y nuestra razón?.

Creo que la clave esta en cada uno de nosotros, pues aquí dentro es donde reside ese impulso por buscar la Verdad de la vida y la Verdad ultima que es Dios.

La solución pues, somos nosotros mismos, mediante una búsqueda constante, una búsqueda sin prejuicios y sin temores; el mismo Jesús dijo: busquen y encontraran. Yo tengo la plena certeza de que cualquiera que busque con esa sinceridad la verdad terminara encontrando a Dios mismo. Y también estoy cierto que solo esa ultima verdad que es Dios, es la única capaz de brindar una autentica libertad al hombre.

Alcides

LA SABIDURIA (Parte 5 de 6)

5.-La religión tampoco anda muy bien.

 En los últimos siglos, no le ha ido muy bien a las religiones, en especial a la católica que es (¿era?) la dominante en occidente. Pues ha visto recortado su poderío en el mundo secular, es decir se le ha ido confinando a lo meramente espiritual, lo cual lejos de ser una injusticia me parece una necesidad y una gran oportunidad, ¿Cómo una gran oportunidad?, me explico referenciandome a la parábola del hijo prodigo: el hombre ha decidido dejar la Iglesia, a su padre, para gastar su fortuna en el mundo, en lo material, entonces el padre, la Iglesia, sabiendo que tal experiencia del hijo le resultara infructuosa, debería prepararse para recibir al hijo de regreso, que tarde o temprano volverá; es decir, en cuanto allá oportunidad brindarle las respuestas en busca de las cuales se alejo del seno familiar.

Lo triste es que la Iglesia no se prepara para tal regreso, pues los hijos pródigos que regresan cansados del mundo secular, se encuentran a una Iglesia en si mismada, mas preocupada por sostener su verdad, su poderío y resguardar la ortodoxia, que por cumplir con la misión evangelizadora para la cual la creo su fundador, Cristo.

Con tristeza he visto un sinfín de veces que estos hijos pródigos al volver a la Iglesia y en lugar de brindarles es sentimiento de “inclusión” se les confina a una banca de la misa dominical, a las cuales al poco tiempo deja de asistir, pues en algun otro lado encontrara lo que aquí se le ha negado. Por esto, en gran medida, las iglesias cristianas están creciendo exponencialmente, pues cuentan con sistemas de reclutamiento que ha primera vista resultan deslumbrantes y estimuladores; aunque en el fondo muchas veces esto no es mas que mercadotecnia. Mientras tanto, el laicado católico (junto con el clero) esta envejeciendo su promedio de edad.

Alcides

LA SABIDURIA (Parte 4 de 6)


4.-El camino que empieza a proponer la filosofía.
 
Después de cuatro siglos de lo que los filósofos han llamado la deconstruccion, es decir de destruir todos los mitos, de desligarse de prejuicios en búsqueda de esa tan amada Verdad, de jactarse junto a Nietzsche “Dios ha muerto”, los filósofos se empiezan a dar cuenta que han destruido todo y que ese no era el camino correcto y se interrogan, en esa fiebre casi psicotica por romper con el pasado ¿no habremos roto también algunas cosas que si eran ciertas?. Ante esto se empieza a emplear la necesidad de un “pensamiento ampliado”, que es un volver a aquellas propuestas que se han rechazado no para aceptarlas, sino para ponerse en el lugar de ellas para así comprender su postura, con el fin de enriquecer mas nuestra experiencia.
A la par de esto, Husserl (filosofo de la escuela de Kant) propone no negar lo trascendente, que es una las premisas de las corrientes modernas, pero reconocer su existencia sin moverlo, es decir, aceptar una metafísica mas dejarla allí intacta, pues es imposible comprenderla con la mera razón, por lo tanto no vale la pena esforzarse en ello. Mas vale invertir en lo que alcanza a la razón pura.
Estas dos vertientes de la filosofía, el pensamiento ampliado y lo propuesto por Husserl, mucho me temo que con el tiempo solo traerán desencanto a las nuevas generaciones de filósofos, tal como ha ocurrido siempre, ¿Por qué? Porque se sigue amputando al hombre, se sigue negando una realidad que ha estado siempre allí gritando en pro de su reconocimiento y me refiero a la espiritualidad. El hombre no solo es cuerpo y mente, también es espíritu, pero la filosofía ensoberbecida por lo alcanzado por la mera “razón” ha negado por siglos ese lado espiritual, llamando débil o enajenado a aquel que se decida por explorar esa dimensión humana.

Alcides

LA SABIDURIA (Parte 3 de 6)

 

 

3.-El escepticismo actual en la filosofía y la religión.

 

Ahora bien, creo que esta mas que demostrado que la búsqueda de la verdad es pues una pasión inherente en el hombre; a esto se le llama sabiduría, o sea amor por la verdad; sin embargo es fácil extraviarnos en esta búsqueda, una mirada a la historia de la filosofía y a las religiones lo demuestran. Menciono a la filosofía y la religión porque son por excelencia las dos grandes vertientes por las cuales hemos buscado la respuesta a esas dos preguntas ancestrales: ¿Quiénes somos?, ¿Qué hacemos aquí? Pero una mirada a la historia de ambas nos deja perplejos, pues hay posturas encontradas dentro de ambas, posturas que han encaminado a millones de personas a las guerras y crímenes más atroces en nombre de defender esa supuesta posesión de la verdad.

 Poco después de empezar a leer la historia de estas dos actividades humanas, filosofía y religión, inevitablemente nos preguntamos, ¿a quien creerle?, pues todos en algun grado guardan algo de verdad y sin embargo hay posturas de verdad irreconciliables.

Alcides

 

 

 

 

LA SABIDURIA (Parte 2 de 6)

2.-La búsqueda de la Verdad

Pero volviendo un poco al principio de lo que decíamos, el hecho de “ser” es una verdad innegable; una verdad a la que se llega precisamente movido por el imperativo innato que tenemos como humanos de buscar la verdad; si la verdad no nos inquietara y nos llamara la atención, no la buscaríamos. Pero es precisamente esta verdad lo que mas busca incansablemente el hombre; de no serlo así, nos hubiéramos contentado hace miles de años aceptando que somos creados por un olimpo de dioses mitológicos. Buscamos la verdad incansablemente, ese es nuestro impulso vital, eso nos distingue de los demás animales; buscamos la verdad para poder dominar y transformar a nuestro favor la naturaleza; buscamos la verdad sobre cual era el elemento geométrico que requería menos esfuerzo de nosotros para transportar cosas y así inventamos la rueda y el eje para poder mover todo tipo de artículos, con los cuales construimos fortalezas que nos resguardaran de las inclemencias y de los enemigos. Buscamos la verdad sobre las causas que generaban las enfermedades y así descubrimos que la teoría de la generación espontánea era un error y que solo con asepsia podíamos evitar la proliferación de elementos patógenos (microbios y virus) y así evitamos muchísimas enfermedades. Así podría seguir con infinidad de ejemplos de esta búsqueda de la verdad.

Alcides

LA SABIDURIA (Parte 1 de 6)

1. La conciencia de si mismo como acto que nos distingue.

 

Alguien definió al ser humano en una ocasión como “la naturaleza  que toma conciencia de la naturaleza”; es decir, como el único ser vivo que toma conciencia de si mismo, el único ser pues, capaz de razonar; esta verdad es tan innegable que creo es la única verdad en la que se han puesto de acuerdo los filósofos de todas las corrientes; todos pues, aceptan aquella máxima de Descartes: Cogito, ergo sum (pienso, luego existo).

 

Los demás seres vivos del reino animal, que son el reino que mas similitudes guarda con la especie humana pueden sobrevivir sin una conciencia de su existencia, bajo lo que denominamos instinto, condenándolos a un ciclo irreversible consistente en nacer, crecer, reproducirse y morir. Los otros dos reinos, el vegetal y el mineral, están diametralmente separados de nuestra condición que resulta por demás infructuoso buscar una analogía o simetría con ellos a no ser de que estamos constituidos químicamente de mas o menos los mismos elementos.

 

Pero al hombre pues, como sabemos y, como lo hemos experimentado en carne propia de alguna u otra forma le resulta insatisfactorio el dejarse conducir sin mas por ese ciclo elemental de la vida que mencionábamos para el reino animal. Por eso mismo se entiende aquellas preguntas que han acompañado desde siempre al homo sapiens: ¿Quiénes somos?, ¿Por qué estamos aquí?. Vestigios de estas dos inquietudes las encontramos en la prehistoria expresadas en forma del culto divinizando a los elementos de la naturaleza; son comunes pues en muchas civilizaciones antiguas la adoración al dios sol, luna, agua, tormentas, etc. que en el fondo son exactamente lo que mencionábamos: intentos de respuestas a estas dos inquietudes ancestrales. Sin embargo en evidente que con el desarrollo cientifico y por ende la comprensión de los elementos, procesos y ciclos de la naturaleza tal “panteísmo” a ido siendo reducido a casi la nada aparentemente.

Alcides