México vs. Venezuela

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Las televisoras mexicanas han de estar hartas de contentas por la paliza que nuestra selección de fútbol le propino a su similar de Venezuela, 4-0, suficiente motivo para vendernos de nuevo la esperanza de que nuestro equipo si puede, que todo esta en tener esperanza, hasta se inventaron una hada, ¿o hado?, porque es un tipo con facha de futbolista, un par de alitas y es del tamaño de Campanita, el cual le dice a los televidentes que hay que creer que vamos a ganar.

Es evidente que el partido frente a los venezolanos fue solo un show montado; tras los lamentables últimos resultados era necesario buscar una victima propicia para una victoria apabullante. Es lo mismo que si un estudiante universitario se cansara de perder al ajedrez con sus compañeros de clase, entonces va a una escuela primaria y se desquita con el primer mozalbete que ve. Así es el negocio del deporte.

Pero la realidad de nuestra selección nos la escupe a la cara el estado en que estamos en la eliminatoria para el mundial, en CONCACAF siempre habíamos sido hegemonía, hoy somos sotaneros, esa es la verdad, andamos mal, muy mal, por falta de planeacion y continuidad, nos acabo pasando lo que a la liebre que se durmió un rato en la carrera y la tortuga acabo por rebasarla.

Alcides

Sacerdotes, ¿porque?.

 

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Para entender el porque del sacerdocio católico hay que establecer dos premisas, la primera tiene que ver con Dios y dice así: Dios es un Dios de orden, por tanto todo cuanto ha sido creado guarda la cualidad del orden, su Iglesia no se exime de ello. Solo a través del orden de la Iglesia se puede garantizar la subsistencia de la sana doctrina, por ello, en función del orden prevalece la sucesión apostólica hasta nuestros tiempos. La segunda premisa tiene que ver con los hombres y dice así: los humanos son seres sociales, es decir, solo sobreviven y progresan en función de la unidad, pero esa unidad siempre esta cohesionada por un mando. Donde sea que este el hombre, desde el deporte, el arte, la política, la ciencia y desde luego la religión siempre hay y necesita haber un líder, en el Catolicismo el líder nato es el sacerdote. A mi ver, estas son las dos razones mas intimas del porque del sacerdocio. El porque que es tan importante pues a partir de allí se puede deducir el para que. Y luego discernir y/o evaluar si ese “para que” esta siendo abordado cabalmente por los hombres que ejercen el ministerio sacerdotal.

Alcides

Schubert

Schubert

 

Al sábado siguiente regrese por otro cassette de la misma serie, esa vez me compre “La magia de Schubert”, que era una recopilación de sus mas conocidas obras; cuando llegue a casa inmediatamente lo escuche y, el resultado fue el mismo que con Vivaldi, recuerdo que la primer obra era su versión del “Ave Maria”, ese Ave Maria nunca se me olvidara, ¿Cómo un hombre puede llegar a componer esas obras? ¡y a la edad de Schubert !, porque murió muy joven, a eso de los 34 años. Eso si, le cumplieron el último deseo de ser enterrado junto a su gran ídolo: Beethoven.

 

Alcides

Atardeceres

Es opinion general que los atardeceres llaman a la melancolia, ¿porque?, quizas porque la

luz se vuelve tenue despues de un dia soleado. Quizas porque sabemos se nos acaba un dia.

Alcides

 

 

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Voto Nulo. ¡Si!

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La democracia es una vía, solo un medio, de ninguna manera debe tomarse como algo acabado, como la meta a la cual llegar y donde será feliz por siempre la sociedad.

El camino, es pues, sinuoso, no libre de vicisitudes y excesos. Y precisamente exceso es lo que esta sucediendo en México en nuestra democracia.

La partidocracia se ha apoderado de la política, de las instituciones y de la democracia, por tanto, se han creído nuestros políticos (la inmensa mayoría) que la política es la puerta al poder y que el partido es la llave a ese poder, por eso no importa el partido en que se este, lo importante es que habrá la puerta, ¿y si no?, fácil, me cambio de llave, de partido.

Así, el pueblo, nosotros, solo tenemos una opción, votar por Don Corrupto, hoy en el partido X, mañana en el partido Y,  quizás pasado en el Z, si es que no logra el escaño deseado en los primeros dos.

En ese sentido, bajo estas consideraciones creo que el Voto Blanco o mejor dicho el Voto Nulo tiene su valor, ¿Por qué?, porque la sociedad también necesita decir que ya basta de ser cautivos de la rapiña política.

¿Qué de todas maneras van a ganar los mismos?, claro que si, pero la democracia, como decía al principio no se obtiene gratis, ni de un día para otro, el pueblo necesita decirle a los políticos que cambien, porque aunque usted no lo crea, los políticos a lo único que le tienen miedo es al pueblo mismo y, aunque sea por solo agradarle (ya no digamos por ética y moral) es capaz de cambiar.

 

Alcides

Vivaldi

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Hace muchos años, estando en Preparatoria (para mas seña), un tarde de un mal sábado, caminaba por la zona comercial de la ciudad. El plan original era entrar al cine, pero en unos cines había películas para niños (Los Ositos Cariñositos 3) y en otras para adultos (Diario íntimo de una cabaretera), o sea, unas aburridas y en las otras aun no me dejaban entrar pues no tenía la cartilla del servicio militar.

Así que aburrido me metí a una tienda de discos que estaba por la calle Madero, hoy es un templo cristiano, como solo traía 17 pesos, después de mucho buscar me convencí que solo me alcanzaba para un casete que se llamaba “Una hora con Vivaldi”, no sabia quien era ese Vivaldi, pero no tener mas opción, lo compre y volví a casa a pie.

En la noche, cual fue mi gran sorpresa en cuanto lo puse en la grabadora, aquellas notas, la armonía era completamente diferente a lo que había oído hasta entonces, que pues, como era de esperarse fluctuaba entre Queen, The Beatles y Gun’s and Roses.  Esa noche debí haber dormido solo un par de horas, pues no me cansaba de oír una y otra vez aquella nueva música para mi; de aquella experiencia nació la inquietud por buscar mas música desconocida, lo cual me ha llevado a experiencias tan ambiguas, como contrarias, desde lo sublime, hasta lo infame, desde lo infame en lo que se supone debiera ser sublime, hasta lo sublime en aparentemente infame.

 

Alcides

Carta del diablo a su sobrino (por C. S. Lewis)

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Mi querido Orugario:

¿Con que tienes «grandes esperanzas de que la etapa reli­giosa del paciente esté finalizando», eh? Siempre pensé que la Academia de Entrenamiento se había hundido desde que pu­sieron al viejo Babalapo a su cabeza, y ahora estoy seguro. ¿No te ha hablado nadie nunca de la ley de la Ondulación?

Los humanos son anfibios: mitad espíritu y mitad animal. (La decisión del Enemigo de crear tan repugnante híbrido fue una de las cosas que hicieron que Nuestro Padre le retirase su apoyo.) Como espíritus, pertenecen al mundo eterno, pero como animales habitan el tiempo. Esto significa que mientras su espíritu puede estar orientado hacia un objeto eterno, sus cuerpos, pasiones y fantasías están cambiando constantemente, porque vivir en el tiempo equivale a cambiar. Lo más que puede acercarse a la constancia, por tanto, es la ondulación: el reiterado retorno a un nivel del que repetidamente vuelven a caer, una serie de simas y cimas. Si hubieses observado a tu paciente cuidadosamente, habrías visto esta ondulación en to­dos los aspectos de su vida: su interés por su trabajo, su afecto hacia sus amigos, sus apetencias físicas, todo sube y baja. Mientras viva en la tierra, períodos de riqueza y vitalidad emotiva y corporal alternarán con períodos de aletargamientos y pobreza. La sequía y monotonía que tu paciente está atrave­sando ahora no son, como gustosamente supones, obra tuya; son meramente un fenómeno natural que no nos beneficiará a menos que hagas buen uso de él.

Para decidir cuál es su mejor uso, debes preguntarte qué uso quiere hacer de él el Enemigo, y entonces hacer lo contra­rio. Ahora bien, puede sorprenderte aprender que, en sus es­fuerzos por conseguir la posesión permanente de un alma, se apoya más aún en los bajos que en los altos; algunos de Sus favoritos especiales han atravesado bajos más largos y profun­dos que los demás. La razón es ésta: para nosotros, un humano es, ante todo, un alimento; nuestra meta es absorber su volun­tad en la nuestra, el aumento a su expensa de nuestra propia área de personalidad. Pero la obediencia que el Enemigo exige de los hombres es otra cuestión. Hay que encararse con el hecho de que toda la palabrería acerca de Su amor a los hombres, y de que Su servicio es la libertad perfecta, no es (como uno creería con gusto) mera propaganda, sino espantosa verdad. El realmente quiere llenar el universo de un montón de odiosas pequeñas réplicas de Sí mismo: criaturas cuya vida, a escala reducida, será cualitativamente como la Suya propia, no porque El las haya absorbido, sino porque sus voluntades se pliegan libremente a la Suya. Nosotros queremos ganado que pueda finalmente convertirse en alimento; Él quiere siervos que finalmente puedan convertirse en hijos. Nosotros quere­mos sorber; El quiere dar. Nosotros estamos vacíos y querría­mos estar llenos; El está lleno y rebosa. Nuestro objetivo de guerra es un mundo en el que Nuestro Padre de las Profundi­dades haya absorbido en su interior a todos los demás seres; el Enemigo desea un mundo lleno de seres unidos a Él, pero todavía distintos.

Y ahí es donde entran en juego los bajos. Debes haberte preguntado muchas veces por qué el Enemigo no hace más uso de Sus poderes para hacerse sensiblemente presente a las almas humanas en el grado y en el momento que Le parezca. Pero ahora ves que lo Irresistible y lo Indiscutible son las dos armas que la naturaleza misma de Su plan le prohíben utilizar. Para El, sería inútil meramente dominar una voluntad humana (como lo haría, salvo en el grado más tenue y reducido, Su presencia sensible). No puede seducir. Sólo puede cortejar. Porque Su innoble idea es comerse el pastel y conservarlo; las criaturas han de ser una con El, pero también ellas mismas; meramente cancelarlas, o asimilarlas, no serviría. Está dispues­to a dominar un poco al principio. Las pondrá en marcha con comunicaciones de Su presencia que, aunque tenues, les pare­cen grandes, con dulzura emotiva, y con fáciles victorias sobre la tentación. Pero El nunca permite que este estado de cosas se prolongue. Antes o después retira, si no de hecho, sí al menos de su experiencia consciente, todos esos apoyos e incentivos. Deja que la criatura se mantenga sobre sus propias piernas, para cumplir, sólo a fuerza de voluntad, deberes que han per­dido todo sabor. Es en esos períodos de bajas, mucho más que en los períodos de altos, cuando se está convirtiendo en el tipo de criatura que Él quiere que sea. De ahí que las oraciones ofrecidas en estado de sequía sean las que más le agradan. Nosotros podemos arrastrar a nuestros pacientes mediante continua tentación, porque los destinamos tan sólo a la mesa, y cuanto más intervengamos en su voluntad, mejor. El no puede «tentar» a la virtud como nosotros al vicio. Él quiere que aprendan a andar, y debe, por tanto, retirar Su mano; y sólo con que de verdad exista en ellos la voluntad de andar, se siente complacido hasta por sus tropezones. No te engañes, Orugario. Nuestra causa nunca está tan en peligro como cuando un humano, que ya no desea pero todavía se propone hacer la voluntad de nuestro Enemigo, contempla un universo del que toda traza de Él parece haber desaparecido, y se pregunta por qué ha sido abandonado, y todavía obedece.

Pero, por supuesto, los bajos también ofrecen posibilidades para nuestro lado. La próxima semana te daré algunas ideas acerca de cómo explotarlos.

Tu cariñoso tío,

 

Escrutopo